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Sacrificio de animales por el COVID, otra amenaza a empleados de frigoríficos

Desde que se declaró la emergencia sanitaria en marzo por la COVID-19, las procesadoras de carne se han enfrentado a una escasez crónica de mano de obra y otras interrupciones en la cadena de suministro, lo que ha reducido la capacidad de sacrificio

EFE/EPA/Tannen Maury/File

Chicago (IL), 1 jul (EFE News) – La COVID-19 ha provocado miles de contagios y más de 100 muertes de trabajadores en la industria de la carne, con un gran porcentaje de empleados latinos, pero también ha sumado un riesgo colateral de contaminación ambiental debido al entierro e incineración de animales de granja sacrificados por la pandemia.

Según advierten grupos de conservación, justicia ambiental y salud pública, existe una amenaza real para la calidad del agua y del aire de las comunidades que viven en los alrededores de las áreas donde se entierran o incineran millones de animales sacrificados.

Desde que se declaró la emergencia sanitaria en marzo por la COVID-19, las procesadoras de carne se han enfrentado a una escasez crónica de mano de obra y otras interrupciones en la cadena de suministro, lo que ha reducido la capacidad de sacrificio.

MILLONES DE ANIMALES SACRIFICADOS

La respuesta de la industria de la carne a esta capacidad reducida ha sido matar a millones de animales de granja criados industrialmente y que estaban listos para ser procesados para la cadena de producción alimenticia.

“Estas prácticas suponen riesgos reales para las personas y el medio ambiente”, declaró a Efe Kemp Burdette, de Cape Fear Riverkeeper, de Carolina del Norte, quien señaló que enterrar o quemar animales en gran escala puede ser peligroso para la salud.

“La incineración libera contaminación al aire y cenizas potencialmente contaminadas, además de comprometer la calidad del agua subterránea que luego puede ser consumida por humanos”, señaló.

Se estima que ya se han sacrificado diez millones de gallinas y más de diez millones de cerdos podrían morir para septiembre. Los animales son sacrificados, enterrados o incinerados, muchas veces en piras gigantescas.

PETICIÓN AL GOBIERNO

Organizaciones como Earthjustice, el Consejo de Defensa de Recursos Naturales (NRDC), el Centro para la Diversidad Biológica y otros 14 grupos como el de Burdette, presentaron esta semana una petición legal al Departamento de Agricultura (USDA) para que prohíba la incineración peligrosa in situ y entierros sin revestimiento de millones de animales de granja.

Para ello se basan en lineamientos de la USDA según los cuales estas prácticas representan graves amenazas para la calidad del aire y el agua, y para la seguridad de las comunidades adyacentes.

El entierro masivo puede contaminar el medio ambiente circundante con nitratos, amoníaco y cloruro, así como agentes causantes de enfermedades, además de productos farmacéuticos que se les suministra a los animales justo antes de morir.

“Es lamentable que, cuando los mataderos suspenden temporalmente la producción, las operaciones de agricultura industrial simplemente matan y desechan a millones de cerdos y gallinas”, dijo en la petición Hannah Connor, abogada del Centro para la Diversidad Biológica.

LAS PLANTAS, “PUNTO CALIENTE” DEL COVID-19

La industria de la carne, donde gran parte de los trabajadores son inmigrantes, declaró al 26 de este mes 28.303 casos confirmados de coronavirus y 102 muertos en por lo menos 253 plantas.

La multinacional Tyson Foods informó que 700 de sus empleados dieron positivo en una planta del noroeste de Arkansas, mientras que un tercio del personal se enfermó en cada una de las plantas frigoríficas que posee en Iowa e Indiana.

Al comienzo de la pandemia el contagio de coronavirus obligó a cerrar a por lo menos 40 plantas para proceder a su limpieza y desinfección, lo que o provocó escasez de carne vacuna, de cerdo y pollos en algunas partes del país.

Ante este panorama, el presidente Donald Trump las obligó a reabrir, recurriendo a la Ley de Producción de Defensa de Estados Unidos, que permite al Gobierno intervenir en la cadena de producción alimenticia, declarando a estas empresas como infraestructura esencial.

Con las interrupciones y la reducción de producción, las plantas frigoríficas se vieron obligadas a “despoblarse”, y sacrificar ganado.

¿EL AGUA Y EL AIRE EN RIESGO?

La abogada Valerie Baron, del Consejo de Defensa de Recursos Naturales, dijo en la petición que los métodos de eliminación de la industria se encuentran entre los más peligrosos para la salud humana y amenazan gravemente la seguridad del agua potable.

Además, en su opinión no hay transparencia cuando se trata de comprobar dónde ocurren estos entierros o incineraciones masivas.

Lo mismo dijo a Efe Larry Baldwin, de Crystal Coastkeeper, también de Carolina del Norte, quien ha realizado un monitoreo aéreo de las áreas principales donde estaría ocurriendo la eliminación masiva de animales.

“Lo están haciendo de una forma que no se nota desde el aire, y no podemos conseguir información del gobierno sobre el tamaño de lo que está ocurriendo. Nadie es transparente”, criticó.

En la petición se solicita al USDA la creación de una base de datos en línea, de acceso público, que rastree la eliminación de animales y brinde a las personas que viven cerca de lugares de sacrificio la información que necesitan para protegerse de la contaminación.

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