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OPINIÓN

Una Propuesta Sensata: Infraestructura Verde en la Ciudad

La polémica por el parque Borinquén en el Condado da paso a la propuesta

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Por Frank X. Moya 

Especial para EyBoricua

San Juan, 8 de septiembre – En las pasadas semanas ha salido al aire la polémica sobre un remanente del histórico parque Borinquén en el Condado. Ese parque abarcaba una inmensa ventana al mar como parte del desarrollo urbanístico privado del Condado de los hermanos Behn. Se visualizó como la perla de los atractivos de la nueva urbanización contando con la extensión del tranvía al mismo, quioscos comerciales, un cine, y el paseo junto al mar.

Con la creciente demanda por lotes en el desarrollo, poco a poco se separaron más terrenos del parque para ofertas residenciales. Con el tiempo el parque se delineó sólo a lo largo del litoral del océano Atlántico y finalmente fue bifurcado por la carretera nueva a Isla Verde. Con ese último paso quedaron algunos terrenos remanentes del parque que aún mantenían su designación urbana como partes del parque.

La polémica actual circula alrededor de la titularidad de esos terrenos y la continuación de su uso. El que no se le diera el mantenimiento adecuado por parte de las autoridades responsables es asunto ajeno al uso y titularidad. Por lo visto, y hasta que las cortes decidan de lo contrario, el remanente en cuestión sigue siendo parte integra del parque.

¿Entonces, por qué es este remanente importante?

Primero, porque los parques, las plazas y los otros espacios públicos son parte vital de la infraestructura urbana. Especialmente en un clima tropical, estos espacios conllevan refugios frescos contra el sol y la humedad batiente. Como se puede observar en fotos a principios del siglo XX, las carreteras y avenidas estaban protegidas por una frondosa maleza. La sombra abundaba. Caminar no era un suplicio.

Segundo, las áreas urbanas requieren de espacios de recreación activa y pasiva para beneficio del público. Ya para 1917, cuando se establece la ley para crear el Parque Luis Muñoz Rivera en Puerta de Tierra, el Parque Borinquen en el Condado estaba activo y concurrido.

Lo que no precluye la aportación de espacios menores y pasivos para el disfrute de la comunidad.

¿Y qué se quiere decir con espacios de recreación pasiva? Esencialmente, no todo espacio de recreo amerita de actividades y estructuras para las mismas. Muchas veces estos son espacios de reposo, de diseño mínimo y satisfacción máxima.

Dependiendo de su localización urbana, estos parques menores o ‘pocket parks’ demuestran intervenciones sencillas y oportunidades óptimas para la planificación de infraestructuras verdes. Mayormente sus usos van dirigidos al vecindario y su comunidad, aunque no siempre es así exclusivamente. En nuestro clima tropical estas intervenciones urbanas verdes proveen un oasis necesario a la densidad aglomerada del entorno edificado y la pavimentación en concreto expuesta al sol.

Por lo que propongo modestamente una idea sensata hacia la solución cívica de esta polémica: una convocatoria general para un concurso de diseño

La intención de esta sería producir un proceso participatorio y transparente para el desarrollo de este terreno. El mismo proceso lo apartaría del debate partidista que afecta a muchas gestiones ambientales y necesarias. Para los efectos, tal proceso sería uno dirigido por la comunidad con el aval del municipio. La autogestión comunitaria no es nada nuevo. La misma se dio en los 1990s con la Asociación de Comerciantes, Propietarios y Residentes de la Calle Cerra en Santurce. Programa el cual bajo la tutela de mi equipo consultor dio paso a la planificación de otras áreas de Santurce.

El proceso se dividiría en tres partes: Concurso de Diseño; Subasta de Servicios de Diseño, y Subasta de Construcción.

1º – Concurso de Diseño:

Con la asesoría del municipio, el grupo comunitario a cargo establecería una visión de diseño con los requisitos y pautas necesarias para desarrollar una propuesta de diseño.

Este grupo contaría también con el asesoramiento de (y tal vez dirección bajo) uno o varios profesionales con conocimiento urbanístico y del procedimiento. Los mismos estarían a cargo de enfocar los conceptos de desarrollo dentro de una visión tangente.

La convocatoria puede ser general o exclusiva a profesionales. El propósito sería poder considerar varias opciones y elegir aquellas que mejor adelanten la visión comunitaria del desarrollo. Una vez se determinen los finalistas del concurso, estos son invitados al próximo paso.

2º – Subasta por Invitación para Servicios Profesionales de Diseño:

En esta fase se le requerirá a los finalistas la preparación de una propuesta de servicios profesionales de diseño de lo que sometieron anteriormente. La misma sería acompañada por un presupuesto estimado de la construcción.

Si la convocatoria del concurso hubiese sido general, en este paso se establecería la asociación con un grupo profesional que preste los servicios necesarios. Esto fue la manera en como se pautó la asignación del diseño ganador del memorial del 9-11 en NYC.

A base de las propuestas, sus costos y cualificaciones, el municipio tal vez con el aval de la comunidad otorgaría el contrato de diseño. Cabe destacar que ya en esta etapa, el municipio es responsable exclusivamente por otorgar el contrato por razones legales.

3º – Subasta de Construcción para el Proyecto:

La selección del contratista y los requerimientos para tal contrato es responsabilidad exclusiva del municipio.

¿En fin, qué se logra con esto?

Un proyecto tan modesto como el de este pequeño remanente tendría grandes logros. Tal proceso establecería una gestión participatoria y transparente entre el municipio y la comunidad sirviendo como modelo de acción cívica. También aportaría definitivamente al bienestar ambiental de la Ciudad Capital. La oportunidad de crear un pequeño oasis urbano puede comenzar una política de aprovechamiento de muchos otros remanentes en la ciudad para usos pasivos.

Frank X. Moya es arquitecto y urbanista establecido en la ciudad de Nueva York. Graduado de la Universidad de Princeton es un reconocido autor de varios planos de planificación en varias comunidades de Nueva Jersey, Caguas y Santurce además de los campos universitarios de Seton Hall y Fordham. Fue profesor invitado en el colegio de diseño arquitectónico y paisajista de la Universidad de Minnesota (College of Architecture and Landscape Architecture) donde participó con otros profesores invitados como Laurie Olin y Walter Hood. Fungió como tesorero del Fideicomiso de Preservación Histórica de NJ (NJ Historic Trust) bajo tres gobernadores.

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