La agencia regional advierte sobre falta de inversión, impactos acumulativos y desafíos geopolíticos en medio de una creciente vulnerabilidad
Santiago de Chile (EFE) – La Agencia Caribeña para el Manejo de Emergencias por Desastres (CDEMA) advirtió este jueves que el cambio climático avanza más rápido que los esfuerzos que la región está haciendo para combatirlo y recalcó que la incertidumbre geopolítica creada desde la llegada de Donald Trump al poder en EE.UU. no ayuda a la situación.
«El ritmo al que está cambiando el clima es mucho más rápido que el nivel al que estamos realizando inversiones para desarrollar resiliencia», indicó la directora ejecutiva del organismo, Elizabeth Riley, en las reuniones anuales que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) celebra desde el miércoles y hasta el domingo en Santiago de Chile.
Su panel abordó cómo transformar la gestión de desastres en resiliencia a los mismos y la experta barbadense recalcó que aunque el Caribe ha invertido por ejemplo sistemas de alerta temprana, no está viendo el cambio necesario a la velocidad requerida.
«El nivel de inversión no ha sido el adecuado. Estamos obteniendo financiación, pero cuando hablamos de sistemas de alerta temprana se requieren inversiones a gran escala en tecnología y ciencia para comprender el riesgo real, y la dinámica del cambio climático también está en constante evolución. Incluso si planificamos para escenarios que vimos en el pasado, los nuevos serán muy diferentes», dijo después en entrevista con EFE.
El BID destaca que Latinoamérica y el Caribe es la segunda región del mundo más propensa a los desastres: entre 2000 y 2023 sufrió 1,422 que afectaron a más de 176 millones de personas. Los desastres pueden reducir la producción económica entre un 2% y un 4% y exacerbar la pobreza, sobre todo en zonas marginadas.
La representante de CDEMA prefiere no cifrar la financiación necesaria para estar a la altura del desafío.
«Lo que puedo decir es que es significativa. Parte del reto que enfrentamos en el Caribe es que experimentamos repetidamente los impactos de los desastres, y estos impactos son acumulativos. Antes de que tengamos la oportunidad de recuperarnos de uno ocurre otro», añade a EFE.
El problema además de fenómenos climáticos menores, advierte, es que no atraen apoyo internacional, sino que son financiados por los gobiernos nacionales. «Desvían fondos de los procesos de desarrollo habituales y endeudan aún más a los países. Es un ciclo que debe romperse».
La propia configuración de países caribeños como Bahamas, Barbados, Haití o Jamaica juega en su contra. «Esos pequeños estados insulares también son grandes estados oceánicos. Cada vez que pasa algo hay que averiguar cómo cruzar esas aguas para ayudar a nuestros vecinos. Y no contamos con grandes activos aéreos o marítimos», sostiene Riley.
Para la experta barbadense, el eco de la Administración de Trump, que comenzó su segundo mandato el 20 de enero, también se ha notado en la región.
«Ha modificado la dinámica geopolítica. Desde una perspectiva caribeña, varios socios tradicionales para el desarrollo están revisando sus asignaciones de ayuda. En algunos casos se han anunciado ajustes por la necesidad de aumentar el gasto en defensa», apunta.
La representante de CDEMA no cae en el pesimismo: «Como personas que trabajamos en la gestión del riesgo de desastres, siempre vemos lo positivo respecto a los desarrollos geopolíticos. Nos ha alentado a redoblar nuestros esfuerzos para desarrollar capacidades a nivel nacional y regional».
El vicepresidente ejecutivo del BID, Jordan Schwartz, afirmó a su vez en el panel que aunque no todos los desastres naturales pueden evitarse, cada dólar invertido en prevención ahorra cuatro en pérdidas evitadas.
Su organismo y BID Invest, el brazo del BID que trabaja con el sector privado, celebrarán de viernes a domingo su Asamblea de Gobernadores, integradas por ministros de Finanzas y Economía y otros altos funcionarios de sus Estados miembros y en las que se tratará entre otras cuestiones cómo aumentar el impacto de su trabajo en la región.