Una revisión reciente de estudios internacionales encuentra indicios sólidos de que los cigarrillos electrónicos pueden provocar cáncer oral y de pulmón, aunque aún faltan investigaciones a largo plazo.
Durante décadas, la ciencia tardó en confirmar que fumar tabaco causaba cáncer. Hoy, una discusión similar comienza a tomar forma en torno al vapeo. Una revisión científica publicada en marzo de 2026 advierte que el uso de cigarrillos electrónicos —o vapes— probablemente está asociado con el desarrollo de cáncer, especialmente en la boca y los pulmones.
De alternativa “segura” a foco de preocupación
Desde su aparición en el mercado, los cigarrillos electrónicos fueron promovidos como una alternativa menos dañina al tabaco tradicional. Durante años, gran parte de la investigación se centró en su papel como puerta de entrada al consumo de cigarrillos convencionales, más que en sus efectos propios sobre la salud. Sin embargo, la ausencia de estudios de largo plazo dejó una pregunta abierta, ¿pueden los vapes causar cáncer por sí mismos? La nueva revisión científica intenta responder a esa inquietud analizando evidencia acumulada entre 2017 y 2025.
Lo que muestra la evidencia científica
Ante la falta de estudios longitudinales —los que siguen a una población durante décadas—, los investigadores optaron por analizar señales biológicas asociadas al cáncer. Los hallazgos son preocupantes, el aerosol inhalado al vapear contiene nicotina, metales vaporizados y compuestos orgánicos potencialmente cancerígenos, y presenta características que coinciden con los criterios de sustancias cancerígenas definidos por la Organización Mundial de la Salud. Además, análisis de sangre y orina muestran que los usuarios absorben estas sustancias en el cuerpo.
A esto se suman efectos directos en el organismo. Se han detectado mutaciones en el ADN de tejidos de la boca y los pulmones, así como biomarcadores asociados al desarrollo de cáncer, como inflamación y estrés oxidativo. También hay evidencia experimental, estudios en ratones han mostrado desarrollo de cáncer pulmonar tras la exposición a aerosoles de vapeo, y algunos odontólogos han reportado casos de cáncer oral en pacientes que vapeaban pero no fumaban tabaco.
Un cambio en el consenso científico
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es el giro en la postura de la comunidad científica. Entre 2017 y 2019 predominaba la idea de que no había evidencia suficiente para afirmar que el vapeo causaba cáncer. Sin embargo, para 2024 y 2025 la mayoría de investigaciones ya expresaban una preocupación creciente. Incluso, la noción de que vapear es significativamente menos riesgoso que fumar empieza a ser cuestionada a la luz de estos hallazgos.
Un riesgo para nuevas generaciones
El vapeo ha crecido especialmente entre jóvenes y adultos jóvenes, muchos de los cuales nunca fumaron cigarrillos tradicionales, lo que plantea un posible problema de salud pública a futuro. Si se confirma la relación causal con el cáncer, podría implicar un aumento en enfermedades oncológicas en nuevas generaciones, mayor presión sobre los sistemas de salud y la necesidad de una regulación más estricta. Además, la percepción de “bajo riesgo” podría haber contribuido a una adopción masiva sin suficiente información sobre sus efectos.
Lo que aún no se sabe
A pesar de los avances, hay límites claros en la evidencia actual. Todavía no existen estudios que demuestren directamente un aumento de casos de cáncer en personas que solo vapean. Esto se debe, en parte, a que el vapeo es relativamente reciente, el cáncer puede tardar décadas en desarrollarse y es difícil encontrar poblaciones que exclusivamente vapeen sin haber fumado antes. Los investigadores advierten que confirmar esta relación podría tomar décadas, como ocurrió con el tabaco.
Una alerta temprana que exige acción
La evidencia científica disponible no es definitiva, pero sí cada vez más contundente, vapear probablemente conlleva riesgos cancerígenos. El principal desafío ahora es avanzar en estudios a gran escala que permitan medir con precisión su impacto en la salud pública. Para ello, será clave la financiación y el seguimiento de poblaciones específicas.
Mientras tanto, el debate continúa, si los cigarrillos electrónicos deben seguir considerándose una alternativa segura o si es momento de replantear su regulación. La historia del tabaco sugiere que esperar certezas absolutas puede tener un alto costo en vidas humanas.





