
Es un autor, escritor, empresario, asesor y defensor de la soberanía nacional y la descolonización puertorriqueña radicado en Nueva Jersey y Puerto Rico. Sus libros incluyen “PREXIT: Forjando el camino a la soberanía puertorriqueña” y “Puerto Rico: Hacia una economía nacional soberana.”
Puerto Rico enfrenta el reto de abandonar el modelo neoliberal colonial y construir una economía soberana basada en planificación estratégica, industrialización y justicia social
Puerto Rico se encuentra en un momento crucial de su historia. Después de más de un siglo de subordinación política y de políticas económicas impuestas, enfrenta una realidad ineludible: el modelo neoliberal colonial ha fracasado. Las promesas de “libertad económica”, desregulación y privatización no solo no lograron un desarrollo sostenible, sino que también aumentaron la desigualdad, perjudicaron las instituciones públicas y aceleraron la pérdida de recursos del país. Con la posibilidad real de lograr la soberanía nacional, Puerto Rico tiene ahora una oportunidad histórica de redirigir su economía mediante un modelo probado, eficiente y adecuado a su realidad: el capitalismo estatal con principios socialdemócratas.
Este modelo, que detallo en mi libro “Desarrollo y prosperidad: El éxito económico en un Puerto Rico soberano”, no es solo una idea abstracta ni una utopía. Es una estrategia concreta que varios países, grandes y pequeños, utilizan para alcanzar altos niveles de prosperidad, estabilidad y competitividad internacional. En este sistema, el Estado no renuncia a su responsabilidad económica; al contrario, la asume de manera estratégica, regulando, invirtiendo, planificando, apoyando y participando activamente en los sectores clave, además de promover un empresariado nacional dinámico y competitivo.
El fracaso del neoliberalismo en Puerto Rico
Durante décadas, Puerto Rico ha sido un campo de pruebas para políticas neoliberales que priorizan la privatización, la austeridad fiscal y la dependencia del capital extranjero. En este marco, se han privatizado servicios básicos como la energía, se han disminuido los recursos en los sistemas públicos de educación y salud, y se ha impulsado un modelo económico extractivo en el que el capital ingresa, obtiene beneficios y se retira, sin fomentar un desarrollo estructural sostenible.
El término “capitalismo de desastre”, claramente visible tras eventos como el huracán María, ha agravado esta crisis. En vez de una reconstrucción soberana, se promovió una reconstrucción orientada a intereses externos. La Junta de Supervisión Fiscal, que representa el control colonial actual, ha consolidado la austeridad, poniendo el pago de la deuda por encima del bienestar de la población.
A esto se suma el argumento de algunos grupos que defienden la “libertad económica” como solución universal. Sin embargo, esta visión pasa por alto una realidad histórica clave: ninguna economía próspera logró su éxito únicamente con un laissez-faire completo. Por el contrario, todas han empleado el poder del Estado para fortalecer sus bases productivas.
Capitalismo estatal: definición y fundamentos
El capitalismo estatal es un sistema económico en el que el Estado actúa como planificador, regulador y principal participante en la economía. A diferencia del mercado libre, al garete, sin regulación ni derechos laborales, este modelo entiende que los mercados por sí solos no garantizan un desarrollo justo ni la estabilidad.
Este modelo, inspirado en las tradiciones socialdemócratas, combina el crecimiento económico con la justicia social. No pretende eliminar el mercado, sino canalizarlo hacia objetivos nacionales como la industrialización, la innovación, el empresarismo, la creación de empleo digno y el bienestar de la sociedad.
Sus fundamentos principales comprenden:
Propiedad o participación estatal en sectores estratégicos (energía, infraestructura, transporte, tecnología).
Planificación económica a corto, mediano y largo plazo, incluidos los planes quinquenales.
Política industrial activa, con incentivos, protección selectiva y promoción de las exportaciones.
Inversión en capital humano, educación e investigación.
Red robusta de bienestar social, financiada por la actividad económica.
Lecciones históricas: desarrollo guiado por el Estado
La evidencia histórica es contundente. Economistas como Ha-Joon Chang, en su libro Bad Samaritans: The Myth of Free Trade and the Secret History of Capitalism, han mostrado cómo las economías actualmente desarrolladas implementaron políticas de intervención estatal durante su fase de formación. En Estados Unidos, personajes históricos como Alexander Hamilton promovieron un enfoque proteccionista e industrial para establecer y fortalecer la economía de la nueva república. Durante más de 100 años, el país financió su crecimiento nacional mediante tarifas aduaneras, protegiendo sus industrias emergentes.
En Asia, Japón utilizó el Ministerio de Industria y Comercio Internacional (MITI) para coordinar su desarrollo industrial. Corea del Sur, bajo el liderazgo de Park Chung-hee, implementó planes estatales que transformaron su economía devastada en una potencia industrial. Singapur, un país con limitaciones territoriales más drásticas que las de Puerto Rico, ha demostrado que la coexistencia entre empresas estatales y privadas puede promover un crecimiento sostenido. El Estado actúa como accionista estratégico, asegurando que los sectores clave cumplan con los objetivos nacionales.
Propuesta para un Puerto Rico soberano
Un Puerto Rico soberano debe implementar un modelo de capitalismo estatal ajustado a su realidad caribeña, atlántica y latinoamericana. Esto requiere una transformación estructural significativa basada en los siguientes pilares:
- Creación de empresas estatales estratégicas
El Estado debe crear o adquirir participación en áreas como la energía renovable, el transporte marítimo, las telecomunicaciones y la manufactura avanzada. Estas empresas deben operar bajo estándares de eficiencia y de gobernanza profesional, generando ingresos destinados a la reinversión social.
- Banco Nacional de Desarrollo
Un banco estatal facilitaría el acceso a capital para pequeñas y medianas empresas, cooperativas y sectores estratégicos, reduciendo la dependencia del capital externo y promoviendo un empresariado nacional fortalecido.
- Política industrial y exportadora
Puerto Rico debe identificar sectores con potencial competitivo, como la biotecnología, la farmacéutica, la agricultura especializada y la economía azul, y apoyarlos mediante incentivos, investigación y acceso a mercados internacionales.
- Integración de la Universidad de Puerto Rico
La Universidad de Puerto Rico tiene que transformarse en un centro de innovación, investigación aplicada y capacitación de talento humano, alineado con la estrategia económica del país.
- Internacionalización económica
Las misiones diplomáticas de un Puerto Rico soberano deben contar con oficinas económicas enfocadas en atraer inversión extranjera directa y en fomentar las exportaciones. Su integración en los mercados del Caribe, de América Latina y de Europa será fundamental.
- Estado de bienestar robusto
Los ingresos generados deben destinarse a financiar la salud universal, la educación de calidad y la seguridad social, garantizando que el crecimiento económico se traduzca en un bienestar tangible para la población.
Desmontando el mito del “libre mercado”
Uno de los principales obstáculos para este cambio es la narrativa ideológica que califica cualquier intervención estatal o apoyo al pueblo como “socialismo”. Esta visión simplificada e infantil pasa por alto la complejidad de las economías modernas, en las que el Estado desempeña un papel activo, incluso en países considerados capitalistas.
La crisis de 2008 evidenció esta contradicción. Las instituciones que promovían el libre mercado, como bancos y empresas clave, requirieron rescates estatales masivos para sobrevivir. Este fenómeno —privatizar las ganancias y socializar las pérdidas— revela que el concepto de “mercado libre”, en muchos casos, es una construcción selectiva. Incluso el portavoz de la “libertad económica” en Puerto Rico, quien critica duramente toda intervención estatal calificándola de “socialismo”, tuvo que rescatar sus empresas mediante préstamos del Paycheck Protection Program (PPP) del gobierno federal. El mismo personaje que vocifera contra “la izquierda socialista y socialdemócrata” necesitó ser rescatado por ese mismo “socialismo” que tanto desprecia.
Para estos personajes, el apoyo gubernamental al pueblo se considera socialismo. Utilizan el término “socialismo” como un símbolo de temor, el cuco, para que la gente tenga miedo, en lugar de conciencia o pensamiento crítico. Sin embargo, cuando el gobierno interviene y ayuda a empresas privadas con fondos públicos, lo perciben como algo positivo, pragmático y beneficioso para los negocios. Buscan excusas para justificar el uso de fondos públicos con fines privados y, si es necesario, usan el cuco del socialismo para justificarlo ante la población. Son muy hipócritas. Si un empresario denuncia públicamente la intervención del gobierno por considerarla dañina o “socialista”, pero a la vez se beneficia de programas como el Paycheck Protection Program u otros programas gubernamentales, surgen dudas sobre su coherencia, especialmente si ese apoyo “del gobierno” favorece a su empresa en momentos de crisis.
Incluso hoy, Estados Unidos ha vuelto a implementar políticas industriales a través de leyes como la “Inflation Reduction Act” y la “CHIPS Act”, reconociendo la importancia de la intervención del Estado para mantenerse competitivo a nivel global. ¿Acaso estos personajes del patio dirán que Estados Unidos es “socialista” por apoyar la CHIPS Act? Claro que no. Su crítica a la “intervención estatal” solo se aplica a Puerto Rico y a los boricuas, no al gobierno federal ni a los estadounidenses.
Puerto Rico en el contexto global
La experiencia reciente muestra que la soberanía no impide la inversión extranjera, sino que la fomenta. Países como Costa Rica, Panamá, Uruguay y República Dominicana han atraído industrias de alto valor sin formar parte de los Estados Unidos.
Esto revela una verdad incómoda: la dependencia política, el neoliberalismo y el coloniaje no garantizan el desarrollo económico. De hecho, limitan la capacidad para formular políticas que respondan a las necesidades del país. Un Puerto Rico soberano, con un modelo económico claro, sólido, coordinado y estratégico, podría convertirse en un centro regional de innovación, comercio y producción.
Puerto Rico no requiere más experimentos neoliberales ni promesas vacías de “libertad económica” de los colmillús del patio. Lo que Puerto Rico realmente necesita es dirección, estrategia y soberanía política y económica. Un modelo de capitalismo estatal, complementado con estructuras y políticas socialdemócratas, ofrece una vía viable y comprobada hacia el desarrollo.
Este modelo no pretende reemplazar al sector privado, sino fortalecerlo en un marco nacional coherente. No es cuestión de ideología, sino de pragmatismo económico. La historia muestra que los países que planifican, invierten y defienden sus intereses nacionales son los que prosperan. Puerto Rico cuenta con la capacidad, el talento y los recursos necesarios para lograrlo.
Lo único que falta es la libertad política para implementarlo.





