El San Juan Social Club Cruise expone, con lenguaje de inversión y filantropía, un modelo de asentamiento que mercadea la isla como enclave fiscal y territorio disponible para el capital externo
Dr. Rafael Capó García
Director de la organización sin fines de lucro Memoria Decolonial
Este sábado 21 de marzo zarpa desde San Juan el San Juan Social Club Cruise, un crucero de lujo que, lejos de ser una simple experiencia turística, funciona como una plataforma itinerante de promoción del modelo económico extractivo de turismo y asentamiento que se ha venido consolidando en Puerto Rico en los últimos años.
El propio evento, a través de su página web, se describe como una oportunidad para descubrir incentivos contributivos, explorar oportunidades de inversión y conectar con personas interesadas en mudarse a la isla. No se trata, por tanto, del turismo tradicional que visita y se marcha, sino de un modelo más agresivo: el turismo de asentamiento, que incentiva la relocalización de inversionistas extranjeros bajo la Ley 60.
Bajo una narrativa cuidadosamente construida, con frases como “make a lasting impact on our community”, “give back” y “unleash the island’s true potential”, el crucero posiciona a Puerto Rico como un espacio disponible para la acumulación de capital, donde la cultura local se reduce a un activo y las comunidades a oportunidades de inversión. La promesa de “networking riches” y “economic opportunities” deja claro que el archipiélago es presentado como un mercado segmentado en “zonas de oportunidad”, y no como un país atravesado por profundas crisis sociales, económicas y de vivienda.
El evento reúne a exfuncionarios públicos, empresarios y promotores de este modelo, junto a figuras del mundo cripto, la especulación inmobiliaria y el emprendimiento financiero. Entre ellos figuran Tito Colorado, excomisionado residente, y Alberto Bacó, exsecretario de Desarrollo Económico y uno de los principales arquitectos de la Ley 60. Les acompañan criptoinversionistas como Michael Terpin, promocionado como el “Godfather of Crypto”, y especuladores del mercado de vivienda como Dillon Bracken, conocido como “Airbnb God”, y Robert Crager, el “Flip Flop Flipper”. Este ensamblaje no es casual: refleja la arquitectura contemporánea del paraíso fiscal puertorriqueño, donde política pública, capital global y discurso motivacional convergen para legitimar el despojo.
Que este crucero esté casi completamente vendido confirma el atractivo de este modelo. Pero también subraya la urgencia de nombrarlo y denunciarlo. Puerto Rico no puede seguir siendo mercadeado como un laboratorio fiscal ni como una “experiencia” disponible para quienes buscan maximizar beneficios contributivos. Lo que se presenta como desarrollo económico es, en realidad, una reconfiguración del territorio al servicio del capital externo.
Si algunos insisten en llamar a Puerto Rico una “hospitality island”, corresponde preguntarse: ¿hospitalidad para quién y a costa de quién? Frente a este proyecto, urge afirmar otra visión de país: una que priorice la vida digna, la justicia contributiva y el derecho a permanecer.
En este contexto, resulta imposible desligar este crucero del controvertido proyecto Esencia, una iniciativa de desarrollo de lujo que ha generado amplio rechazo multisectorial por sus implicaciones ambientales, sociales y territoriales.
Diversos sectores del país han convocado a una manifestación el próximo 28 de marzo, el mismo día en que el crucero regresa a San Juan, para expresar su oposición a este modelo de desarrollo excluyente. Lejos de ser iniciativas aisladas, tanto el proyecto Esencia como este crucero forman parte de una misma lógica: la promoción de Puerto Rico como enclave para la inversión externa, a expensas de sus comunidades y ecosistemas.





