Del ostracismo digital al dominio de la IA: el nuevo orden empresarial bajo Trump
Por Marcel Rivera-Ayuso
M.S.Cp.E. Software Engineering / M.A. Gobierno y Política Pública
Luego del primer término del presidente Trump, este era persona non grata en todas las redes sociales principales, como consecuencia de los actos de insurrección en el Capitolio federal el 6 de enero de 2021.
Un adelanto al 20 de enero de 2025 y lo vemos codeándose con los principales ejecutivos (CEOs) de las corporaciones de tecnología más avanzadas del mundo, entre los cuales figuran los dueños de las principales redes sociales.
La nueva oligarquía tecnológica trumpiana ha surgido de las cenizas del dominio absoluto que el Partido Demócrata tenía en ese sector. Elon Musk, un donante demócrata empedernido, luego de un proceso de magaficación y
combates regulatorios, se convirtió en uno de los aliados más cercanos al presidente.Similarmente, puede delinearse un trayecto de cambio con Mark Zuckerberg. A pesar del revés de Musk como aliado del presidente, puede verse cómo la intensa intervención de gobiernos demócratas en los quehaceres de la alta tecnología abrió el camino a los republicanos.
Con la aprobación del Big Beautiful Bill, se paraliza toda legislación estatal que, de manera significativa, impida o introduzca trabas al desarrollo de productos comerciales de inteligencia artificial (IA) en el sector privado. En tándem con la derogación de la doctrina de Chevron, el nuevo panorama legal responde a la visión de mundo trumpista, la cual está despreocupada por el debido proceso de ley, las regulaciones y la protección de derechos individuales.
Ahora, los CEO tienen todas las de ganar con el nuevo clima de negocios, al regalárseles una carta blanca con la cual pueden obviar la responsabilidad social inherente en el desarrollo de la IA. El potencial desplazamiento laboral causado por la implantación vertiginosa de la IA ya ha resultado en varios despidos en compañías como Microsoft. El medio noticioso Axios estima entre 10 y 20 por ciento de desempleo en trabajos principiantes (entry level) de cuello blanco a causa del reemplazo proveniente de la IA.
No todo es un panorama tétrico. No es cosa sencilla transformar una economía hecha para la participación humana en una que lo excluya. Ya hay casos en los cuales compañías que brincaron en la ola de adopción de 100 % IA están revirtiendo sus políticas y contratando de vuelta a las personas.
Dentro del sector de la tecnología ya hay estudios que desmienten el futuro del reemplazo total del ser humano y presentan otro en el cual este utiliza la IA como su mejor herramienta. Apoyado en esta, en sus propias destrezas y conocimiento, podrá agilizar su ritmo de trabajo, convertirse en más productivo y, por ende, valioso en el mercado.
En Puerto Rico, la mayoría de la legislación de IA se enfoca en su implantación en el gobierno para intervenir con la contratación, fiscalizar el uso de las finanzas y contribuir a la educación pública. La realidad es que esta tecnología trascendental requiere de barandas de política pública hechas tecnología y de infraestructura tecnológica cohesiva que, al momento, no existen dentro del Gobierno de Puerto Rico. Dada su complejidad inherente, lo que ocurre dentro de estos sistemas es difícil de comunicar a la ciudadanía general.
Por eso es importante transparentar a la ciudadanía las fuentes de datos utilizadas, el peso que estos tienen en la toma de decisiones y la colaboración de verdaderos expertos para poder hacer accesibles a la población general las capacidades de estos nuevos sistemas, en los cuales se pretende apoyar los derechos civiles y el acceso a servicios esenciales de todos los ciudadanos de Puerto Rico, contribuyan o no al presupuesto del país.




