Las recetas coloniales que insisten en imponer desde Washington repiten modelos fracasados y bloquean alternativas soberanas de desarrollo económico y energético para Puerto Rico
Otra vez, el futuro económico y energético de Puerto Rico se debate en Washington y en los medios de EE.UU., pero no desde San Juan ni desde las comunidades que enfrentan apagones, pobreza y desigualdad diariamente. Recientemente, Justin Peterson, exmiembro de la Junta de Control Fiscal, afirmó que Puerto Rico debería depender del gas natural estadounidense en vez de la energía solar, alegando que “los paneles se volarían con el próximo huracán”.
Esta declaración, ignorante y arrogante, evidencia claramente nuestro problema colonial: en EE.UU. se escucha la voz de improvisados americanos —que solo conocen a Puerto Rico desde Wikipedia— mientras las voces de los expertos puertorriqueños son sistemáticamente ignoradas. Es decir, para el gobierno federal, la opinión desinformada y malintencionada de cualquier americano vale más que la opinión de miles de expertos boricuas en temas de Puerto Rico. Así funciona el coloniaje.
Lo más preocupante no es solo la ignorancia, sino la arrogancia con la que se nos trata, como si los puertorriqueños no pudiéramos decidir sobre nuestro futuro, como si siempre necesitáramos un tutor colonial que viniera a “salvarnos”. El PNP y el PPD solo fomentan el mantengo, la dependencia, la pobreza y la subordinación colonial. Peterson y su grupo solo promueven más dependencia y explotación del pueblo puertorriqueño.
Los únicos que proponen un plan nacional para el desarrollo económico, tanto a corto como a largo plazo, son los independentistas y soberanistas. Este patrón se repite en la economía, la energía y ahora también en la seguridad nacional.
El fraude del “reshoring”: otro 936 disfrazado
El PNP insiste en promover el concepto de “reshoring”: atraer a las empresas estadounidenses de regreso a Puerto Rico como si fuéramos una maquiladora tropical. Esto no es más que una versión barata del fracasado modelo 936, que benefició solo a las corporaciones y dejó al pueblo en la ruina cuando esas empresas se marcharon. En su momento, Puerto Rico se convirtió en un paraíso fiscal para farmacéuticas y manufacturas, sin construir una infraestructura productiva sostenible, sin transferir tecnología ni fomentar una economía diversificada. Entre 1996 y 2006, cuando el Congreso derogó unilateralmente el modelo 936, los beneficios desaparecieron, se fueron de repente, dejando desempleo, depresión económica y pobreza… consecuencias que todavía están impactando a Puerto Rico.
Hoy intentan vendernos la misma fórmula barata y fracasada bajo el nombre de “reshoring”. Lo promocionan como la solución definitiva, pero en realidad es una trampa que solo favorece a las empresas extranjeras y a los políticos que se doblegan. No es un camino hacia el desarrollo económico sostenible ni una verdadera industrialización en Puerto Rico, sino un plan colonial que nos condena a depender siempre de las migajas que nos dan desde Estados Unidos. Recuerde: sin las migajas federales de la colonia, no habría un PNP ni un PPD.
El “reshoring” es una estrategia de propaganda política que busca ganar apoyo de figuras como Donald Trump y de intereses empresariales en Estados Unidos. En ningún momento se menciona la soberanía económica, fortalecer la agricultura, invertir en tecnología propia o apostar por energías renovables que realmente reduzcan nuestra dependencia. Otra vez, el PNP vende al país al mejor postor foráneo para que se lucren de Puerto Rico mientras nos dicen que, sin ellos, nos morimos de hambre.
La trampa energética del gas natural
Peterson, al igual que muchos otros, fomenta la dependencia del gas natural per sécula secolorum, pero olvida un aspecto fundamental: Puerto Rico no produce su propio gas. Todo debe ser importado, lo que nos convierte en rehenes de los barcos mercantes de la ley de cabotaje, de los costos internacionales, de las tensiones geopolíticas y de los desastres naturales que pueden interrumpir los suministros. ¿Eso constituye “seguridad energética”? No, eso es dependencia colonial e irresponsabilidad gubernamental, aunque se presente como “infraestructura de clase mundial”.
Contamos con sol abundante, viento, agua y comunidades preparadas para desarrollar sistemas energéticos resilientes y autónomos. La energía solar, si se instala y protege adecuadamente, no se destruye con un huracán; de hecho, fue gracias a paneles solares y microredes que muchas comunidades recuperaron electricidad tras el huracán María, mucho antes de que las plantas de combustibles fósiles, impuestas por intereses que Peterson defiende hoy, entraran en juego.
Mientras el mundo avanza hacia la descarbonización y la independencia energética, Puerto Rico tiene la oportunidad de liderar en energías renovables en el Caribe. Sin embargo, los intereses coloniales prefieren mantenernos dependientes del exterior, ya que eso les garantiza negocios y no promueve nuestra libertad.
Militarizar la colonia: la nueva obsesión del PNP
Como si no fuera suficiente vender nuestra economía, ahora el PNP intenta posicionar a Puerto Rico como una base militar vital para Estados Unidos. Al no lograr convencer a Washington con la estadidad (que ignora a los plebiscitos), ahora utilizan la militarización como estrategia para mantenerse relevantes. Utilizando cabilderos y boricuas asimilistas que niegan a la nación puertorriqueña, nos quieren convertir en la llamada “frontera sur de Estados Unidos”, un puesto que justifique su lealtad a los Estados Unidos y les permita obtener favores políticos.
Mencionan amenazas regionales en el Caribe, migración y «seguridad nacional” como justificaciones para mantener a Puerto Rico como una colonia fuertemente militarizada. Sin embargo, esto resultará en una mayor contaminación, desplazamiento de comunidades, violaciones de derechos civiles y humanos y, sin duda, más protestas, desafío anticolonial y resistencia nacional puertorriqueña.
Recordemos la historia: Vieques se opuso a la presencia militar porque esta provocó enfermedad, contaminación y fallecimientos. Roosevelt Roads quedó como un cementerio industrial después del abandono por parte de la Marina y del propio PNP que no sabe nada sobre “fomento económico” que no sea traer otro fast food a Bayamón. ¿Queremos repetir los mismos errores garrafales para que unos políticos coloniales y asimilistas sigan siendo relevantes en Washington?
Cada vez que se ha intentado usar a Puerto Rico como instrumento militar, hemos resistido y luchado. Lo evidenciamos en Vieques y lo reiteramos: si el PNP continúa sometiéndose a Washington para ceder nuestra tierra y dignidad, enfrentaremos más luchas.
Los verdaderos enemigos del progreso
El problema no es la falta de ideas en Puerto Rico. Nuestros economistas, ingenieros, agricultores y comunidades cuentan con planes concretos y viables para construir un país soberano, sustentable y próspero. Hay propuestas para diversificar la economía, promover cooperativas, establecer un sistema energético renovable y fortalecer nuestra integración en el comercio internacional como nación caribeña.
El problema radica en que los colonialistas americanos en Estados Unidos (aquellos que se lucran del coloniaje), respaldados por sus leales criollos del PNP y del PPD, obstaculizan esos planes y dan prioridad a las ideas de personajes como Peterson, quienes no conocen a Puerto Rico y solo quieren aprovecharse de nuestra dependencia económica y subordinación política.
Los principales obstáculos para el progreso no son solo la imaginación y los cucos del PNP al hablar de Rusia o China. En realidad, son quienes respaldan un sistema colonial que mantiene la dependencia y se niega a reconocer el derecho del pueblo puertorriqueño a decidir su destino.
La solución: soberanía, no servidumbre
Puerto Rico no necesita “reshoring”, ni depende del gas natural, y mucho menos debe transformarse en una base militar colonial. Lo que verdaderamente necesita es soberanía: la facultad de decidir por sí mismo sobre su modelo económico, su sistema energético y su papel en el mundo.
La soberanía no es un salto al vacío, como quieren pintarlo los colonialistas y los asimilistas que se creen americanos. Es el camino natural de todo pueblo que se respeta. Con soberanía, podremos establecer acuerdos de cooperación con Estados Unidos y con el mundo, pero desde una posición de igualdad y no de servidumbre. Podremos defender nuestro territorio, diversificar nuestra economía y garantizar energía limpia y accesible para todos.
Mientras permanezcamos como colonia, seguirán llegando Petersons a determinar nuestro destino, y los politiqueros del PNP y del PPD continuarán actuando como comparsa para legitimar políticas impuestas desde Washington. La pregunta es: ¿seguiremos aceptando este triste teatro colonial o nos levantaremos como pueblo para reclamar lo que nos corresponde?
El momento es ahora. Puerto Rico merece su libertad, sin más experimentos coloniales.




