La indignación por las recientes acusaciones sobre corrupción electoral y vínculos criminales reaviva el debate sobre la legitimidad institucional, el colonialismo y la capacidad de movilización del pueblo puertorriqueño

Es un autor, escritor, empresario, asesor y defensor de la soberanía nacional y la descolonización puertorriqueña radicado en Nueva Jersey y Puerto Rico. Sus libros incluyen “PREXIT: Forjando el camino a la soberanía puertorriqueña” y “Puerto Rico: Hacia una economía nacional soberana.”
La investigación reciente de ProPublica ha generado gran indignación en Puerto Rico. Las acusaciones son muy graves: un esquema en el sistema penitenciario en el que, según investigadores federales citados por el medio, miembros de una organización criminal habrían utilizado drogas y la coerción para influir en los votos a favor de la entonces candidata a la gobernación, Jenniffer González Colón, en las elecciones de 2024. La gobernadora ha rechazado firmemente cualquier relación con estas acusaciones.
Independientemente del resultado judicial o político, el daño institucional ya está hecho. Para muchos puertorriqueños, el escándalo confirma una percepción que ha ido creciendo durante décadas: que Puerto Rico funciona bajo un sistema colonial sumamente corrupto, dominado por élites políticas del PNP y el PPD, donde las estructuras de poder se mantienen principalmente para sus propios intereses en lugar de proteger la democracia, la transparencia o la voluntad popular.
Muchos ciudadanos hoy se preguntan: ¿cómo puede un pueblo lograr cambios reales si no confía en las instituciones electorales ni en quienes las dirigen? ¿De qué manera se fortalece la democracia cuando grandes sectores ven que el gobierno, el aparato institucional y los sectores criminales actúan en una peligrosa intersección de corrupción, narcotráfico y clientelismo político?
Estas preguntas no son extremas, sino legítimas en cualquier sociedad democrática. La diferencia para el régimen narco-colonial es que el pueblo puertorriqueño empieza a entender algo muy poderoso: la verdadera fuerza de una nación no está solo en quienes manejan el gobierno, la policía o las armas. La fuerza real radica en la legitimidad moral, en la organización del pueblo y en la capacidad colectiva de este para negarse a obedecer a un sistema corrupto, criminal y colonial dirigido por narco-políticos.
¿Es el pueblo boricua débil y condenado a este infierno colonial y político ante esta situación? ¿Carecemos de poder porque somos una colonia? No.
Los números facilitan la comprensión de esa realidad. Actualmente, Puerto Rico cuenta con una población de aproximadamente 3,184,835 habitantes (sin contar los casi 6 millones de boricuas en la diáspora). El 3.5% de esa cifra corresponde a solo 111,469 personas. En el plebiscito de 2024, las opciones de libertad y soberanía nacional (independencia y libre asociación) sumaron cerca de 438,430 votos. Esto representa casi cuatro veces la cantidad que diversos estudios académicos sobre la resistencia civil han vinculado históricamente a movimientos capaces de generar cambios políticos profundos mediante movilizaciones no violentas sostenidas.
La académica Erica Chenoweth popularizó el concepto de la “regla del 3.5%”: la idea de que las campañas no violentas y de resistencia civil que movilizaban activamente a aproximadamente el 3.5% de la población solían tener un impacto político significativo. Chenoweth ha aclarado que esto no es una “ley matemática” inamovible, sino una tendencia histórica observada en diversos movimientos a lo largo del tiempo.
Sin embargo, el principio primordial sigue siendo válido: gobiernos que parecen fuertes pueden perder legitimidad y control ante movilizaciones masivas, organizadas, disciplinadas y persistentes. Lo logramos en el Verano del 19; ahora podemos volver a lograrlo para deshacernos de este gobierno y sistema colonial ilegítimo, vil y despótico, liderado por el PNP, respaldado por el PPD y fortalecido por el fraude, inversionistas políticos, narcotraficantes, pandillas carcelarias y por grupos criminales.
Este cambio altera radicalmente el diálogo en Puerto Rico. Durante años, el colonialismo ha sembrado en muchos puertorriqueños una mentalidad colonial – una percepción de impotencia política que les hace creer que no tienen poder real, que Washington controla todo, que los partidos coloniales son inevitables y que cualquier esfuerzo serio por la transformación nacional está destinado al fracaso. Sin embargo, la historia global muestra lo contrario y, poco a poco, el pueblo boricua se está despertando.
Imperios han caído y dictaduras que parecían invencibles han colapsado. Los sistemas corruptos no siempre fueron derrotados por los ejércitos, sino por los pueblos organizados. El régimen narco-colonial en Puerto Rico se sostiene en la apatía, el miedo y la división social. Quiere que los puertorriqueños crean que están solos, desorganizados y derrotados. Busca que el ciudadano común piense que no puede enfrentarse a las estructuras políticas tradicionales.
No obstante, la realidad demográfica y política revela otra verdad. Lo siguiente es información que el PNP y el PPD no quieren que el pueblo conozca. Veamos.
Según datos del propio gobierno colonial, la Policía de Puerto Rico tiene entre 10,800 y 11,500 agentes, mientras que la Guardia Nacional cuenta con aproximadamente 8,500 efectivos y la Guardia Estatal con cerca de 1,500 miembros. Incluso sumando el personal militar y reservista apoyado por Fort Buchanan (unos 15,000 efectivos en total), la realidad es evidente: la fuerza organizada del aparato estatal del ELA (el régimen narco-colonial) sigue siendo menor que el número de ciudadanos que en 2024 votaron por opciones de libertad y soberanía nacional. Además, ni la policía, ni la Guardia Nacional ni las estructuras militares pueden gobernar indefinidamente una sociedad cuya población elige organizarse masivamente mediante resistencia civil no violenta, desobediencia civil, presión económica, protestas persistentes, boicots y movilizaciones sociales disciplinadas.
La narco-colonia antidemocrática del PNPPD solo se mantiene gracias a la policía y a la Guardia Nacional (los weekend warriors), que muestran fuerza, reparten macanazos y protegen al régimen. Si el 3.5% de la población boricua, o todos los que apoyan la soberanía nacional, se organizan y paralizan el país, el gobierno de la narco-colonia, incluso con la policía y los weekend warriors, no podrá mantenerse en el poder. Los patriotas sí lucharán por Puerto Rico, la libertad y un futuro democrático. ¿Cuántos populares lucharán y aguantarán macanazos por el ELA? Ninguno. ¿Cuántos anexionistas y fotutos lucharán y aguantarán macanazos por la estadidad y los contratos? Ninguno.
El PNP sostiene que tiene una mayoría y un mandato, aunque ambos se obtuvieron mediante fraude electoral y esquemas de compra de votos con drogas o con amenazas de paliza si no votan por el PNP. En el plebiscito de Puerto Rico en 2024, unos 620,782 votantes apoyaron la estadidad. Pero, 642,771 votaron por opciones soberanistas (Independencia o Libre Asociación) o dejaron papeletas en blanco o de protesta. Aunque las razones para votar en blanco pueden variar, las cifras combinadas muestran que más personas no apoyaron la estadidad que las que sí lo hicieron. Esto refuerza la idea de que el PNP no tiene un mandato a favor de la estadidad.
Sin embargo, frente al poder del pueblo patriota, unido y organizado, en contraste con las fuerzas coloniales del gobierno narco-colonial, ¿los anexionistas darán la cara para defender al PNP y la estadidad? Por supuesto que no. ¿Los miles de fallecidos, encamados y confinados que votaron por el PNP y la estadidad se enfrentarán al poder del pueblo? ¿Los fallecidos, los encamados y los confinados que votaron por el PNP – tomarán la calle y apoyarán al PNP, la policía y la Guardia Nacional ante un pueblo puertorriqueño unido y determinado a acabar con la narco-colonia? Claro que no. Ni los fallecidos ni los vivos se sacrificarán por la estadidad ni por el PNP.
Ningún sistema funciona sin la cooperación diaria de la población. Esa es la auténtica fuente de poder. El poder soberano y democrático emana del pueblo, y si el pueblo retira su cooperación al régimen, este se cae. Ni la policía, la Guardia Nacional ni los electores fallecidos, encamados y confinados podrán contener la fuerza y el coraje del pueblo boricua. El momento en que el pueblo retire su cooperación con el régimen, este solo tendrá la violencia y el miedo para mantener su poder.
Por supuesto, cualquier acción significativa de transformación a nivel nacional debe permanecer estrictamente enmarcada en parámetros no violentos, democráticos y bien organizados. La violencia solo fortalece al Estado y reduce su legitimidad ante la población. La resistencia civil efectiva implica disciplina, coordinación, metas claras y el mantenimiento de la legitimidad moral tanto ante el país como ante la comunidad internacional.
Por eso, el escándalo actual de “drogas por votos” representa un momento crucial. Demuestra ante el país y el mundo que en Puerto Rico no existe una verdadera democracia, sino un régimen narco-colonial del PNP que se disfraza de “democracia” mediante fraude electoral, intimidación y redes criminales. No es solo una acusación criminal, sino una crisis de legitimidad, en particular cuando el propio gobierno federal cerró la investigación por razones políticas. Cuando la ciudadanía siente que las instituciones dejan de reflejar genuinamente su voluntad democrática, busca otras formas de ejercer presión y participar políticamente. Esto ha ocurrido en muchas naciones y regiones a lo largo de la historia.
Puerto Rico se enfrenta actualmente a una decisión crucial. Puede seguir atrapado en un modelo colonial, caracterizado por la corrupción, el clientelismo, la narco-colonia y la dependencia política y económica del PNP y del PPD, lo que continúa debilitando sus instituciones nacionales. O bien puede empezar a formar un movimiento nacional puertorriqueño amplio, democrático y patriótico que exija transparencia, soberanía nacional y una auténtica autodeterminación.
Para mantener el régimen narco-colonial y su poder mediante el miedo y el fraude electoral, el PNP cuenta con aproximadamente solo 21,500 policías y militares frente a 111,469 patriotas (3.5% del país) o peor para ellos, frente a los 438,430 boricuas reales (de carne y hueso) que apoyaron la soberanía nacional en 2024. ¿El liderazgo colonial del PNP-PPD, con esos 21,500 agentes y soldados, podrá proteger al régimen narco-colonial del coraje, el poder y la fuerza de 438,430 patriotas dispuestos a protestar, organizar y coordinar el fin de la narco-colonia?
Además de los 21,500, ¿el PNP-PPD podrá contar con los miles de fallecidos, encamados, confinados y electores estadistas en EE.UU. para salir a la calle a defender la narco-colonia? No. ¿Qué podrán hacer el PNP y el gobierno de la narco-colonia si esos 438,430 patriotas (jóvenes y viejos, hombres y mujeres) deciden tomar las calles, la Calle de la Resistencia, las carreteras, los muelles, las instituciones coloniales y las alcaldías? Nada.
¿Qué podrán hacer el PNP y el gobierno de la narco-colonia si esos 438,430 patriotas paralizan al país y ocupan las oficinas de la Junta de Control Fiscal? Nada. ¿Qué podrán hacer el PNP y el gobierno de la narco-colonia si esos 438,430 patriotas deciden cantar La Borinqueña patriótica en eventos públicos masivos; retirar las banderas estadounidenses y los retratos de líderes estadounidenses de los edificios públicos; efectuar campañas de boicot contra las empresas corruptas y amigas del PNP y del PPD; y botar los símbolos coloniales al zafacón? Nada.
¿Usted realmente cree que los ineptos, los cobardes, los amigos y los hijos talentosos de los políticos PNP y PPD que dirigen las agencias tienen el temple y la inteligencia necesarios para oponerse a esta situación? Créeme, no la tienen.
Piénselo: 21,500 agentes y soldados no pueden ni podrán contra el poder de 438,430 y más de boricuas si esos boricuas deciden organizarse mediante la resistencia civil nacional y no violenta y tomar las calles. Sin contar al comisionado colonial irrelevante, débil y retrógrado en DC, que recibe apoyo de sus inversionistas políticos y todavía vive en la nostalgia de los años 1950; la diáspora puertorriqueña, en su mayoría, apoyaría abrumadoramente tales protestas masivas contra la narco-colonia, como apoyó las protestas del Verano del 2019.
El PNP es una minoría, liderada por corruptos, politiqueros y criminales, que aparenta ser una mayoría gracias a su control total sobre el gobierno colonial, las cortes, varias alcaldías, la Comisión Estatal de Elecciones (CEE), su maquinaria de fraude electoral, los medios coloniales de propaganda estatal y sus redes de dinero sucio del bajo mundo. El PNP es una organización criminal que no solo odia a Puerto Rico y a la puertorriqueñidad, sino que también participa en las elecciones cada cuatro años, recurre al fraude electoral para robarse el poder y mantiene a Puerto Rico como rehén a merced de los gatilleros políticos, económicos y narcotraficantes.
El PNP necesita y fomenta la ignorancia y el miedo para consolidar su base de electores. El PPD retrogrado y colonialista que llegó tercero en 2024, entre contratistas, inversionistas políticos, ineptos y borrachos, le carga las maletas al PNP y no es una opción real de cambio ni de futuro para Puerto Rico.
Recuerda: aunque el PNP dice que es una “mayoría” y solo puede ganar elecciones mediante fraude electoral, esa supuesta mayoría ilusoria la componen los fotutos; electores fallecidos (algunos incluso desde la época española que milagrosamente resucitan cada cuatro años, reciben $150 millones en cupones y votan PNP); electores viejitos encamados a los cuales familiares y egidas afiliadas al PNP los obligan a votar por el PNP; electores que votan ilegalmente en EE.UU. y en Puerto Rico; y electores confinados que solo votan por el PNP y la “estadidad” a cambio de drogas o para no recibir una paliza de la pandilla. Esa es la “democracia” del PNP. Cuando el pueblo puertorriqueño se levante en contra de la narco-colonia y la dictadura del PNP, ¿vendrán estos miles de electores esenciales del PNP a salvar al PNP de la furia puertorriqueña? Claro que no. El PNP se hace pasar por un elefante grande y fuerte, pero en realidad es un mero ratoncito.
Tenemos que rescatar nuestro país de estos criminales y vendepatrias. Están tratando de destruir la Universidad de Puerto Rico, la esperanza, la cultura, el futuro del país y el ambiente para imponer Esencia, e incluso atraer a los militares estadounidenses para aparentar importancia, aunque sigan siendo ignorados por el gobierno federal. El PNP odia tanto a Puerto Rico que hasta masacró al árbol majestuoso e icónico del Paseo de la Princesa y vende nuestro patrimonio al mejor postor. ¿Cuánto más patrimonio vamos a perder por culpa del PNP?
El futuro no está necesariamente en manos de los corruptos y narco-políticos que actualmente dirigen el gobierno. Corresponde a quienes pueden inspirar esperanza, poseen una visión de país y cuentan con un plan para el futuro. Quizás esa sea la lección más importante de este momento histórico: el pueblo puertorriqueño posee un poder mucho mayor del que le han hecho creer.
Tenemos los números, el poder, la fuerza y la determinación de no vivir en un país ultrajado, abusado y humillado por un régimen narco-colonial despótico que dice ser “democrático”, pero se roba las elecciones con votos fantasma, esquemas ilegales, violencia y drogas por votos.
Un pueblo unido, organizado y consciente de su fuerza colectiva tiene el poder de cambiar su destino. La historia muestra que cuando los países dejan de tener miedo y confían en sí mismos, incluso los sistemas más establecidos empiezan a vacilar.
¿Qué hacemos? Educarnos y organizarnos a través del país mediante asambleas de barrio, municipales y regionales para coordinar no solamente la resistencia civil contra la narco-colonia del PNP, sino también establecer y reconocer un gobierno provisional de la República de Puerto Rico que pueda realmente hacerle frente a los criminales en La Fortaleza y rescatar al país.





