El director del torneo explica cómo estructura, credibilidad y gestión estratégica han permitido sostener durante casi dos décadas en la isla una franquicia oficial del PGA Tour
Por Héctor Maldonado
Para Ey Boricua
La mañana no comienza con un golpe de salida. Comienza con llamadas. Confirmaciones. Coordinación con el circuito internacional. Revisión de hospitalidad corporativa. Logística de transmisión. Seguridad. Clima. Protocolo.
Mientras los jugadores afinan el swing en el driving range del Grand Reserve Golf Club, Pedro Zorrilla afina otra cosa: la operación completa del Puerto Rico Open.
“Un torneo del PGA Tour no se monta con entusiasmo; se monta con estructura”, afirma con claridad. Y esa frase define su filosofía.
Desde 2008, el Puerto Rico Open ha logrado algo que en el ecosistema deportivo puertorriqueño no es común: permanencia. Mantener una franquicia oficial del PGA Tour durante casi dos décadas implica mucho más que cumplir con un calendario. Significa sostener credibilidad ante una de las ligas más exigentes del deporte profesional.
“El activo más importante es la confianza. Si el Tour confía en que puedes cumplir con sus estándares año tras año, el evento se queda. Si fallas, desapareces”, explica.
Zorrilla no habla en abstracto. Le ha tocado gestionar el torneo en medio de la crisis del Zika, tras el impacto devastador del huracán María y durante la incertidumbre operativa de la pandemia. Cada uno de esos episodios puso en riesgo algo más que un evento deportivo: puso en juego la viabilidad de Puerto Rico como sede confiable dentro de un circuito global.
“Hubo momentos en que lo más fácil hubiese sido cancelar y esperar tiempos mejores. Pero los grandes eventos no sobreviven esperando. Sobreviven adaptándose”, sostiene.
Su enfoque combina tres ejes: estabilidad corporativa, integración comunitaria y proyección internacional. El torneo no solo atrae entre 20,000 y 25,000 personas en la semana del evento; también moviliza hospitalidad empresarial, alianzas estratégicas y exposición mediática que posiciona a la Isla como destino deportivo de alto nivel.
Este año, bajo el concepto “El swing que nos une”, Zorrilla volvió a demostrar lectura estratégica del entorno deportivo. Coincidiendo con el World Baseball Classic, el torneo integrará pantallas gigantes para que los asistentes puedan seguir los partidos de Puerto Rico.
“No se trata de competir con la emoción nacional. Se trata de entenderla y sumarla”, afirma.
En su visión, el Puerto Rico Open no puede ser un evento aislado del país que lo alberga. Debe dialogar con su momento histórico, económico y cultural.
Zorrilla rara vez ocupa el centro del escenario. No aparece en las transmisiones ni figura en las tarjetas de puntuación. Pero en la arquitectura invisible que sostiene el evento —negociaciones, estándares técnicos, relaciones institucionales y gestión de crisis— su rol es determinante.
En una isla donde muchos proyectos deportivos nacen con entusiasmo y mueren por falta de estructura, la permanencia se convierte en la verdadera medida del éxito. Gestionar un torneo del PGA Tour en Puerto Rico no es romanticismo deportivo.
Es estrategia. Es credibilidad. Es ejecución. Y en ese terreno, Pedro Zorrilla ha jugado su propia ronda durante casi dos décadas.





