Desde Mayagüez, el candidato popular planteó una nueva ruta para fortalecer el Estado Libre Asociado con base en economía, identidad y democracia
SAN JUAN, Puerto Rico – Durante su mensaje oficial del 25 de julio, el aspirante a comisionado residente por el Partido Popular Democrático (PPD), Pablo José Hernández Rivera, rechazó que el autonomismo puertorriqueño sea equivalente a una condición colonial, defendió su vigencia como corriente ideológica y propuso una hoja de ruta para reformar el Estado Libre Asociado (ELA). El discurso fue pronunciado en el Palacio de Recreación y Deportes de Mayagüez ante militantes y líderes de la colectividad.
El 25 de julio de 1952, se promulgó la Constitución del ELA, luego de ser aprobada por el Congreso de Estados Unidos y ratificada por el pueblo puertorriqueño. Ese día, se realizó una ceremonia en el Capitolio de San Juan, donde el entonces gobernador Luis Muñoz Marín hizo oficial la entrada en vigor del ELA.
“Autonomismo no es sinónimo de colonia, como independencia tampoco es sinónimo de libertad. Lo que importa aquí es que la relación entre Puerto Rico y Estados Unidos cuente con el consentimiento del pueblo de Puerto Rico”, sostuvo el también abogado y exasesor congresional.
Desde el inicio, Hernández dejó claro el objetivo del mensaje: presentar una ruta de transformación realista y concreta. “Hoy quiero que tracemos juntos la nueva ruta del futuro y del cambio del autonomismo puertorriqueño”, expresó.
El orador definió el autonomismo como “el mayor gobierno propio posible para un país con identidad propia dentro de otro país”, y recordó que sus raíces se remontan al siglo XIX, con Román Baldorioty de Castro bajo soberanía española. Afirmó que no es un fenómeno exclusivo de Puerto Rico, sino un modelo reconocido en otros contextos como Escocia, Quebec y Cataluña. “El autonomismo no es ni rígido ni estático como la estadidad o la independencia, sino que es flexible y dinámico”, añadió.
Reconoció los retrocesos que ha enfrentado el ELA, como la anulación de la Constitución autonómica de 1897, la imposición de la Junta de Supervisión Fiscal mediante la ley PROMESA en 2016, y decisiones del Tribunal Supremo federal que han limitado su alcance. “El autonomismo puertorriqueño entró en un periodo de crisis y de desorientación”, dijo. A su juicio, gran parte del problema ha sido la falta de una comunicación efectiva: “Casi nadie lo comunicó efectivamente”, repitió en referencia a varios fallos judiciales que incluyeron lenguaje favorable al ELA.
Comparó la situación actual con las otras dos fórmulas de estatus. Sobre la estadidad, señaló que está “más lejos hoy que hace cuatro años”, a pesar de haber tenido respaldo plebiscitario y un Congreso y Casa Blanca controlados por demócratas. “Y aún así la estadidad no llegó”, afirmó. En cuanto a la independencia, sostuvo que, aunque disponible, “los puertorriqueños abrumadoramente la rechazan porque atesoramos nuestra relación con los Estados Unidos”.
Ante ese panorama, Hernández planteó que el país no tiene que conformarse con el modelo actual, sino mejorarlo. “Hacen falta cambios para mejorar nuestra relación de Estado Libre Asociado con Estados Unidos”, dijo. Propuso un proceso por etapas que comience con restaurar la autonomía fiscal interrumpida por PROMESA. “La junta no se irá por obra y gracia del Congreso. La junta se irá cuando gobernemos bien, aprobando presupuestos balanceados y gastando menos de lo que recaudamos”, sostuvo.
Una vez restablecida la autonomía, argumentó que el país debe recuperar credibilidad sobre su capacidad de autogobernarse. Solo entonces, afirmó, podrá ampliarse la relación con Estados Unidos dentro de un marco de unión permanente.
Propuso que esa nueva etapa se construya sobre tres pilares: economía, identidad y democracia. En el ámbito económico, planteó que “la aspiración autonomista de Puerto Rico debe ser fortalecer la economía puertorriqueña para depender menos de los fondos federales”, aunque dejó claro que los apoya y seguirá gestionando su aumento. Mencionó herramientas existentes, como el reembolso del arbitrio federal al ron, que generará “cerca de billón de dólares más” en la próxima década. También defendió la protección de sectores como el café y la integración del país a la economía digital.
Sobre identidad, afirmó que “nuestra identidad ha demostrado… ser un buen instrumento de desarrollo económico”, y propuso aumentar la presencia internacional de Puerto Rico, incluyendo en foros como la UNESCO si Estados Unidos decide reintegrarse.
En materia democrática, reclamó “trato igual en los pocos programas federales que nos faltan, como el SNAP y el Medicaid”, así como establecer un mecanismo de consentimiento legislativo ante leyes federales, como el que tuvo la legislatura de las Islas Vírgenes. Finalmente, propuso sustituir la Ley de Relaciones Federales por “un pacto formal que defina claramente la autoridad del gobierno federal y del gobierno de Puerto Rico”, y que no esté subordinado al Congreso.
En respuesta a los sectores que acusan al autonomismo de ser una fórmula transicional hacia la independencia, Hernández negó que ese haya sido el resultado histórico. “¿Nos acercamos a la independencia cuando nos dieron más autonomía con la ley Foraker en 1900, con la ley Jones en 1917 o con la ley del gobernador electivo en 1947? ¿Nos acercamos a la independencia cuando jugamos en las olimpiadas por primera vez en 1948? ¿Nos acercamos a la independencia cuando logramos la Constitución del Estado Libre Asociado en 1952? No, no y no”.
Criticó que el autonomismo haya sido defendido en años recientes con “timidez, cobardía e ignorancia”, y llamó a revertir ese patrón. “Esos tiempos de timidez, cobardía e ignorancia acaban hoy”, declaró. Reivindicó el legado de Luis Muñoz Rivera y Román Baldorioty de Castro como inspiración para enfrentar los desafíos actuales.
“Estamos donde estábamos en 1946: con una autonomía limitada, con una estadidad inalcanzable y con una independencia indeseable. Mi generación no es responsable de este retroceso histórico, pero mi generación asumirá la responsabilidad de revertirlo”, expresó.
Concluyó su mensaje con una afirmación clara de identidad: “No somos meramente ciudadanos americanos residentes en Puerto Rico. No somos meramente una subdivisión de latinos o hispanics dentro de la nación americana. Somos y seguiremos siendo puertorriqueños asociados voluntaria y permanentemente a la nación más poderosa”.





