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OPINIÓN

Resistir hasta que el corazón aguante

Mucho de lo que estamos viendo es el colapso de un sistema en deterioro y de años de otorgar permisos, firmar contratos y permitir privatizaciones por dinero e interés de unos pocos

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En días de tormenta como los que vivimos, salen a relucir los extremos de la naturaleza humana. Lo más hermoso, como es la solidaridad, el ayudar al prójimo, el proteger y salvar vidas, el cuidarse y el apoyo mutuo entre todos los ciudadanos.

Pero también sale lo más nefasto, como la mezquindad, el pillaje y los efectos de la corrupción. Hoy, que estamos en medio de esta emergencia con el huracán Fiona, vemos ambos. La naturaleza, con toda su fuerza y su furia como la que trae un huracán, nos deja ver todo con mayor claridad.

Uno de esos extremos que estamos viendo con asombro son las destrucciones en viviendas, carreteras y construcciones. En Guaynabo, tuvieron que desalojar 12 familias de un amplio complejo de condominios “walk-up” en la zona de Parkville, tras deslizamiento de terreno. Los vecinos del Condominio Jardines Metropolitanos I en Villa Nevares, Río Piedras, están con temor de que termine de colapsar el estacionamiento porque desde enero el agua de la quebrada Buena Vista socavó el muro de contención y allí no terminan de arreglar la zona.

En Naguabo tuvieron que cerrar un tramo del expreso 53, en el kilómetro 14.7, porque aun antes de llegar las primeras lluvias de este huracán Fiona, ya el terreno había cedido. Hoy el deslizamiento supera los seis pies de profundidad. En la zona de Naguabo se esperan entre 10 a 15 pulgadas de lluvia. Como si eso fuera poco, los vecinos del lago Bairoa en Caguas encontraron y capturaron a un peligroso caimán de sobre seis pies de largo, saliendo de las aguas por la crecida del río.

La desesperación de la gente y de las autoridades en resolver esos cuatro asuntos nos demuestran la grandeza del ser humano al momento de salvar vidas. El problema es que eso cuatro ejemplos también nos demuestran los malos hábitos de construcciones ilegales donde no se debieron hacer. En Guaynabo, por ejemplo, los vecinos se oponían a esa construcción cerca de quebradas y ríos, pero los permisos se concedieron y ahora, años mas tarde, el colapso es el efecto. 

¿Qué si hubo corrupción en esos permisos?, se desconoce, pero lo que es evidente es que el gobierno permitió este tipo de proyectos donde no debía. Eso pasa en todo el país y por eso es que la gente protesta. Aunque a algunos sectores políticos y el gobierno no lo quieren reconocer, la gente despertó y la oposición a este daño ambiental trasciende líneas partidistas. Ya todos saben que aquí no se siguen las normas.

En cuanto al caimán en Caguas este hecho también nos demuestra la negligencia de personas al traer a la isla animales exóticos que no son parte de nuestra fauna, y dañan los ecosistemas. Las autoridades no dan abasto para atender este otro problema.

Ahora mismo hay miles de personas sin el servicio eléctrico y el temor mayor de la población es que venga el apagón general porque ya hasta los mismos de LUMA Energy han aceptado que vienen impactos “considerables al sistema, como indicaron los directivos del privatizador. La pregunta no es dónde se fue la luz sino quién tiene luz, porque todos sabemos que se va a ir. Y seamos honestos, el dinero para arreglar el sistema está. 

El problema es que llevamos cinco años con $10,000 millones en la caja para repararlo, pero no hay voluntad. El gobierno federal debería nombrar un síndico, pero no lo hace porque saben que puede pasar como con el dinero de la quiebra. Ese se lo han repartido entre bufetes a los que no les interesa que la quiebra se resuelva.  Con los millones que hay para reconstruir el país después del huracán María, por lo menos la mitad del sistema ya debería estar arreglado.

En fin, mucho de lo que estamos viendo es el colapso de un sistema en deterioro y de años de otorgar permisos, firmar contratos y permitir privatizaciones por dinero e interés de unos pocos y en detrimento de los muchos. La infraestructura de Puerto Rico tiene sobre 60 años y ya debe ser reparada, pero si como pueblo no cambiamos los malos hábitos de los políticos, todo será peor.

Pero ante este escenario siempre vemos la esperanza. La vemos en los lideres de las comunidades que no se rinden. En los grupos sociales que batallan por proteger el ambiente y la vida.

La vemos en una juventud que nació y creció en esta eterna crisis de inmovilismo que es Puerto Rico y dicen como la líder comunitaria de Puerto de Tierra le dijo en su documental a Bianca Graulau: “Aquí la resistencia va a durar hasta que el corazón aguante”.

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