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MUNDIALES

Chef José Andrés: World Central Kitchen es más grande que Naciones Unidas

En la guerra en Ucrania han sido capaces de desplegar grandes cocinas, donde calderos con guisos calientes esperan para nutrir y servir de abrigo a quienes bajan de trenes y autobuses

Madrid, 22 de marzo de 2022 (EFE) – “Puede sonar pretencioso, pero World Central Kitchen es más grande que las Naciones Unidas”, asegura a Efe su fundador, el cocinero español José Andrés, quien argumenta su afirmación en una “adaptación a las circunstancias en tiempo real” sin precedentes que les permite alimentar a la ciudadanía necesitada ante catástrofes de toda naturaleza. 

Entrenada en conflictos, desastres naturales y hasta pandemias, el éxito de esta ONG reside en “crear una conciencia común entre las personas a las que les gusta alimentar a la gente, como cocineros y productores”, explica quien después de varios viajes a Ucrania y Polonia tras la invasión rusa acaba de inaugurar en una localidad cercana a Madrid, Pozuelo de Alarcón, un café-restaurante para dar de comer a los ucranianos que llegan a la capital. 

Le sigue un equipo de Discovery Channel para plasmar la actividad de World Central Kitchen (WCK) y sus miles de voluntarios porque, recuerda, “la industria de la gastronomía no se ha convertido en empática de ayer a hoy; desde el comienzo de la humanidad estaba donde había necesidad”. 

De ello se nutre una ONG que, afirma José Andrés, ha iniciado un movimiento “imparable” con el que incluso atisba el éxito de la batalla contra el hambre en el mundo. 

“Suena un poco más cercano, aunque sigue siendo muy improbable, porque con buena voluntad no se acaban los problemas del mundo; tiene que haberla, pero también muy buenas políticas, muy buena acción, muy buen trabajo de la industria privada en concurso con ONG, con individuos y grupos sociales que muchas veces no existe”, asevera.

Este español afincado en Estados Unidos dice que no puede llevar la cuenta de los miles de ucranianos reconfortados con menús diarios dentro del país o en su huida de la invasión rusa, ya que WCK está también en Polonia, Eslovaquia, Hungría, Moldavia o Rumanía. Su última actuación, que supervisa personalmente, está en las proximidades de Madrid.

“Está destinado a los refugiados, como un apoyo a las políticas de recepción del Gobierno mientras se cumplimentan los trámites; podemos dar hasta 2.000 comidas al día. Ya lo hicimos con los afganos en distintos aeropuertos”, explica.

En la guerra en Ucrania han sido capaces de desplegar grandes cocinas, donde calderos con guisos calientes esperan para nutrir y servir de abrigo a quienes bajan de trenes y autobuses, pero también de instalar camiones de reparto o máquinas para hacer cientos de sándwiches rápidamente en “puntos estratégicos”. 

Eso, recalca, es lo que distingue a una organización que no se rinde, aunque los bombardeos “se escuchen cerca”. 

Pero José Andrés -Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2021 y a quien muchos consideran aspirante al Nobel de la Paz- también tiene palabras críticas contra los gobiernos por no diseñar “una política de alimentación” que, opina, debe abordarse desde una visión global y multidisciplinar porque afecta a la salud, la ayuda internacional, la inmigración, el abandono de las zonas rurales y la seguridad nacional. 

“Podemos construir todos los muros que queramos, pero si hay una madre hambrienta los saltará. ¿Y vamos a acabar disparando? -cuestiona con cierta alarma. No voy a proteger a mis hijas con muros más altos, sino dando a otras madres e hijas las mismas oportunidades que yo he dado a las mías. Hasta que los gobiernos ricos del mundo no vean eso siempre vamos a tener a gente tocando a la puerta. No vienen a invadirnos, vienen a comer”.

Por ello, defiende inversiones “reales” que puedan beneficiar no sólo a los países más desfavorecidos, sino también al resto del planeta. Un ejemplo: “Hacer del África subsahariana el gran lugar de producción de energía solar; no tendría que haber un desierto sin placas solares”.

Así se evitarían dependencias energéticas en un mundo en el que, defiende, “la alimentación es la energía más importante de la humanidad, no los gasoductos”, algo que ya se está comprobando con la paralización de Ucrania, uno de los grandes graneros de Europa, por la guerra. 

“Si nos creemos que los productos están caros ahora, cuidadito con lo que va a pasar”, advierte.

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