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DEPORTES

La violencia en el fútbol toca fondo en México

Una batalla campal en el partido Querétaro-Atlas dejó 26 lesionados, tres de ellos graves

Ciudad de México, 6 de marzo de 2022 (EFE) – La violencia en el fútbol mexicano tocó fondo en las últimas horas con 26 lesionados, tres graves, como consecuencia de una batalla campal en el partido Querétaro-Atlas, después de la cual el Gobierno y de la Liga MX deberán revisar todo.

El partido entre el campeón Atlas y el Querétaro, correspondiente a la novena jornada del torneo Clausura, fue suspendido luego de que en el segundo tiempo los hinchas de uno y otro equipo iniciaron una pelea que se extendió al resto de los graderíos y luego a la cancha, de donde los jugadores corrieron en los vestuarios.

La suspensión de los tres juegos que cerrarían este domingo la jornada es la consecuencia deportiva, la menos importante porque la barbarie mostró el lado incívico que ni las autoridades del fútbol ni las del gobierno parecen en condiciones de detener.

Un hombre despojado de sus ropas pidió clemencia. Como respuesta un troglodita lo golpeó sin misericordia, mientras a unos metros el cuerpo inerte de un aficionado recibía patadas de unos bárbaros.

Algunos ebrios, otros con actitudes como las que tienen los drogados actuaron a la manera de robots de la violencia y crearon el caos, mientras un policía fue grabado con el semblante de un pacífico budista, pegado a su teléfono con una mano en su bolsillo.

UNA TRAGEDIA 

“Es una tragedia porque, aunque no hay muertos, no podemos decir que no es una tragedia y no podemos permitir que se politice”, dijo este domingo el gobernador del estado, Mauricio Kuri.

Subrayó que la Fiscalía local ya inició una serie de carpetas de investigación por lo ocurrido en el estadio, incluida una por homicidio en grado de tentativa, y se realizarán exámenes toxicológicos a quienes estuvieron involucrados.

“Revisaremos todas las actuaciones, públicas o privadas, para determinar responsabilidades por acción o por omisión, castigar lo que se tenga que castigar, corregir lo que se tenga que corregir”, dijo Kuri, quien el lunes se reunirá con el presidente de la Liga MX, Mikel Arriola.

Como autoridad, Kuri tiene el reto de atrapar a los agresores, cuyos rostros aparecen con nitidez en fotografías y vídeos. Y de lograrlo, presionar a los jueces a aplicar penas como las que aplican a los que intentan matar.

Es obvio que tanta violencia descarnada no está relacionada con la pasión por un equipo. Nadie está dispuesto a matar porque el delantero contrario le hizo un gol al guardameta de casa y eso lo deben investigar las autoridades.

En México, es común que las barras de los equipos tengan el apoyo de los clubes. Los líderes de algunas se sienten con derecho a exigir prestaciones y es algo que las instituciones del fútbol local deberán revisar. Casi siempre la violencia sale de esos grupos.

“La liga condena los hechos en el estadio La Corregidora es una situación de violencia grave que nos obliga a actuar enérgicamente contra los responsables”, dijo Arriola el sábado en un video en redes sociales.

Pero, ¿qué significa que el presidente de la liga, Mikel Arriola califique de inadmisible y lamentable la violencia?

CASTIGO EJEMPLAR 

El directivo aseguró el sábado en un primer mensaje que se castigará ejemplarmente a los responsables por la ausencia de seguridad en el estadio, pero la Liga no tiene autoridad para sancionar a delincuentes y las autoridades no han divulgado cifras de detenidos. 

Son esperanzadoras las palabras del Gobernador Kuri y del directivo Arriola, siempre y cuando no se queden en la verborrea que usan los políticos en todos lados y en México casi siempre significa venta de humo.

Es serio el reto que tienen los jerarcas de la Federación, los dueños de equipos y las autoridades de un país marcado por la violencia.

Los Gobiernos del partido político que sea se han sacado un cero al intentar parar la violencia de la que brotan datos espeluznantes. El país registró 33,308 homicidios en 2021 después de los dos años más violentos de su historia, bajo el mandato de Andrés Manuel López Obrador, con 34,690 víctimas de asesinato en 2019 y 34,554 en 2020.

En estos días negros de guerra, en México matan al día más personas que las que caen por la invasión a Ucrania, con una sola diferencia: en México es algo del día a día.

Como en la guerra, en los actos vandálicos este sábado hubo historias de humanismo. Una mujer simpatizante del Atlas quedó aterrorizada por la posibilidad de ser atacada; entonces un niño se quitó su camiseta del Querétaro y gracias a eso, salió ilesa. 

La mujer ha exhibido la prenda en las redes para devolverla al chico. Lleva autógrafo y cree que debe ser valiosa para el aficionado, mas no lo ha encontrado.

Ese hecho confirma la nobleza que, como sucede en todo el mundo, también es mayoría en México, aunque no salga en los noticieros en los que el país es retratado como un reducto de salvajes porque en ellos se mata, aunque eso mismo haga un escolar con pistola en otro lado de Norteamerica, unos radicales en Europa o un loco en Asia.

MOMENTO CRUCIAL 

Es un momento crucial en el que, además de detener a los violentos, hay que revisar actitudes de otros, como los futbolistas que se van sobre el tobillo de los rivales, una forma de agresividad, la de los medios que defienden la idea de que ganar no solo es lo más importante, otro desvarío, y la de los dirigentes que apoyan lo que sea, si deja dinero.

Los hechos de este sábado serán el antes y después, el examen de grado del fútbol mexicano, que ha quedado cuestionado a menos de cinco años de ser una de las sedes del Mundial del 2026.

¿Debe un país incapaz de garantizar la paz en un partido de la liga local organizar la Copa del Mundo? La respuesta la darán los jerarcas que se esconden en un discurso vacío y después toman medidas que provocan violencia, solo porque dan ganancias.

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