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AMBIENTE

Marruecos afronta su peor sequía de las últimas tres décadas

Debido a la falta de lluvias este otoño e invierno y el descenso de agua embalsada a niveles inéditos

(Foto: EFE/Fatima Zohra Bouaziz)

Sidi Yahya, 15 de febrero de 2022 (EFE) – La falta de lluvias este otoño e invierno y el descenso de agua embalsada a niveles inéditos ha llevado a los expertos marroquíes a alertar sobre una de las peores sequías que afronta el país magrebí en las últimas tres décadas, una situación “muy grave” para los agricultores que llevará a la probable pérdida de las cosechas de cereal y leguminosas.

El anticiclón que azota actualmente países del Mediterráneo como España y Portugal está retrasando las precipitaciones en Marruecos, lo que pone en peligro la campaña agrícola en el país. “Ya están condenadas este año la producción cereal y de leguminosas”, afirma a Efe el ingeniero agrónomo marroquí Abdelmoumen Guennouni.

Se trata de las sequías más graves que ha vivido Marruecos en las últimas décadas, según Guennouni, que destaca que la falta de lluvias en este período coincide con los bajos niveles de agua embalsada en el país y la sobreexplotación de los acuíferos.

UN PROBLEMA ESTRUCTURAL

Al igual que Guennouni, varios expertos y profesionales del sector agrícola consultados por Efe expresan su pesimismo ante la actual sequía advirtiendo que el cambio climático agrava el problema.

El propio ministro de Equipamiento y Agua, Nizar Baraka, ha alertado sobre “el gran retroceso” de los recursos hídricos embalsados, un problema que calificó de “estructural”.

En los informativos de la televisión pública 2M, Baraka afirmó la semana pasada que los embalses del país registran sus niveles mínimos, que no superan el 33.9 % (frente a un 62% en 2018), mientras el nivel del pantano Al Massira (situado en la región de Casablanca), el segundo más grande del país, está a un 7% de su capacidad.

Mientras, el cúmulo de precipitaciones entre septiembre y enero pasado se situó en 38.8 mm, con un déficit del 53% respecto a la anterior temporada.

La situación es tal que el rey Mohamed VI, en su calidad de comendador de los creyentes (autoridad religiosa máxima del país), ordenó celebrar el pasado 4 de febrero rezos especiales en todas las mezquitas para pedir la lluvia.

“Dependemos de la clemencia de Alá” es la expresión que repitieron los agricultores y ganaderos consultados por Efe, todos preocupados por el carácter inédito de la sequía este año.

“ESTÁ TODO SECO”

Uno de ellos es Abderrahim Zrouti, que ha cultivado 300 hectáreas de trigo pero ha perdido toda esperanza en que haya producción este año.

Desde su terreno en la localidad rural Sidi Yahya Zaer, en las afueras de Rabat, Zrouti muestra las plantas en una etapa inicial de macolla con talla baja, con la espiga aún dentro del cuello de la planta. A estas alturas del año, el trigo debería ser mucho más alto y las espigas aparecer colgando y bien formadas.

“Diciembre y enero son determinantes para el cultivo de trigo, pero este año como no ha habido lluvia no habrá producción, esperamos unas pérdidas del 80%”, lamenta Zrouti, subrayando que estas hierbas de trigo solo servirán de pasto.

Zrouti cultiva su trigo en tierras de secano al igual que la mayoría de los que se dedican a la producción cereal, que constituye el principal componente de la agricultura marroquí en cuanto a superficie cultivada.

La misma situación crítica se registra en todas las regiones del país: “Está todo seco”, alerta en declaraciones a Efe un agricultor español que produce en todo Marruecos.

“En Berkane por ejemplo (noreste) varios agricultores están abandonando sus fincas de naranjas porque no hay agua o por la mala calidad y el alto nivel de salinidad de los recursos hídricos de los pozos y canales”, afirma el español.

En la misma situación se encuentran también los ganaderos, que denuncian los altos precios de forraje. El saco de cebada pasó de 230 dirhams (unos 21 euros) a 450 dirhams (42 euros), según explica un profesional del sector.

Hasta tal punto llega la escasez que muchos no tienen más remedio que deshacerse de su modo de vida. “Conozco a ganaderos que están vendiendo su rebaño porque no pueden aguantar más con las pérdidas”, alerta Guennouni.

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