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Darán el último adiós a Tinti Deyá en Casa Pueblo en Adjuntas

Su voz y su resistencia fueron tan poderosas que, poco tiempo después, en 1980, junto a su esposo Alexis Massol y otras personas de la lucha, iniciaron la campaña en contra de la extracción minera en Puerto Rico

Foto Casa Pueblo en Facebook


Por Casa Pueblo

Gestora diaria de la posibilidad, Tinti Deyá construyó su propio bastión en Casa Pueblo. Desde allí cumplió con todos sus amores: con Puerto Rico, con su pueblo de Adjuntas, sus estudiantes, su familia y comunidad. 

Desde muy joven, e inspirada por su padre, don Juan Deyá, desarrolló gran empatía por la justicia social, la defensa de la nacionalidad puertorriqueña y comenzó a trazarse su propia ruta como mujer. Fue voleibolista profesional en Adjuntas y acudió a la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, donde estudió Educación.

Dedicó 30 años de su vida a la profesión magisterial, destacándose como maestra de inglés en el sistema de educación pública en Adjuntas. Tocó las vidas y las conciencias de miles de estudiantes que pasaron por sus salones y que luego la visitaban en Casa Pueblo para contarle lo que hacían en sus vidas, muchas veces inspirados por ella. Fue en la escuela donde también inició su activismo, cuando lideró con maestros, padres y estudiantes la lucha en contra de los asbestos en los salones y edificios escolares. 

Su voz y su resistencia fueron tan poderosas que, poco tiempo después, en 1980, junto a su esposo Alexis Massol y otras personas de la lucha, iniciaron la campaña en contra de la extracción minera en Puerto Rico. Fueron muchos años de trabajo intenso, de sacrificios, fracasos y aprendizajes.

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Pero ese dúo conformado por “Tinti y Alexis” ya era un nervio de la naturaleza. Nunca se dieron por vencidos. Por el contrario, se propusieron llegar al corazón de la gente que más se afectaría con la extracción minera y lo hicieron a través de la cultura. Más de una década después, la victoria fue abrumadora: salvaron gran parte de la Cordillera Central de un ejercicio minero que explotaría nuestros más valiosos recursos naturales y nos legaría una isla sin aguas, sin bosques ni diversidad biológica: una isla sin posibilidad. 

Con su ejemplo diario, Tinti demostró lo que es la asistencia perfecta a un proyecto de vida y en absoluto desprendimiento. Vivió para su familia, para Puerto Rico y para Casa Pueblo, donde sirvió como voluntaria durante los 41 años de vida de la institución. 

Su presencia y trabajo diario fue fundamental para que Casa Pueblo se convirtiera en ese lugar abierto a todas las personas que defienden la patria geográfica puertorriqueña. 

Así como regó su amor, sus convicciones y resistencia en quienes llegaban a Casa Pueblo a tomar un café con ella para empezar a transformar el país, así mismo permanecerá: en el vuelo de las mariposas, en el florecimiento de los bosques, en el canto del Julián Chiví y en cada persona que se levante a luchar por nuestra patria. 

A Tinti quien vuela alto con su hijo Ariel le sobreviven su esposo Alexis Massol; sus hijos Alexis, Axel y Arturo; sus nietas y nietos, Corali, Gabriela, Felipe, Alixa, Mikhail, Andrea y Eva, más toda una comunidad que arreciará en su honor el paso de sus luchas por una Patria alternativa, solidaria, justa y nuestra: Faustina ‘Tinti’ Deyá, decimos tu nombre. 

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