El histórico anotador brasileño falleció a los 68 años tras una carrera marcada por récords, fidelidad a su selección y reconocimiento internacional
SAO PAULO – El exbaloncelista brasileño Oscar Schmidt, considerado uno de los mayores anotadores en la historia del baloncesto, murió a los 68 años en un hospital de la región metropolitana de São Paulo tras ser ingresado por un malestar súbito, según se informó este viernes.
La noticia generó reacciones inmediatas en la comunidad deportiva internacional. El puertorriqueño José “Piculín” Ortiz destacó tanto su dimensión deportiva como su vínculo personal con el exjugador. “Hoy hemos recibido uno duro. El mundo del baloncesto se despide de uno de sus más grandes exponentes”, expresó, al describirlo además como “un buen amigo y competidor ejemplar”.
Ortiz recordó encuentros personales con Schmidt, incluyendo su última conversación el 30 de agosto de 2019 en Beijing, durante su exaltación al Salón de la Fama de la FIBA, ceremonia en la que el brasileño tuvo a su cargo la presentación. “Qué honor fue que en mi exaltación […] fueras tú el que me presentara, nadie mejor”, escribió. También evocó una frase pronunciada por Schmidt en ese acto: “Piculín era el corazón de Puerto Rico”, a la que respondió en su despedida: “Descansa en paz Oscar, tú sí eres el corazón de Brasil”.
El exjugador puertorriqueño también hizo referencia a la lucha de ambos contra el cáncer y describió a Schmidt como “maestro en todo”, al tiempo que extendió condolencias a su familia y al pueblo brasileño.
Schmidt, nacido en Natal en 1958, fue una figura central del baloncesto internacional sin haber jugado en la NBA. Su decisión de rechazar ofertas de la liga estadounidense respondió a las reglas vigentes en ese momento, que le habrían impedido representar a la selección de Brasil, prioridad que mantuvo durante toda su carrera. “Fue la decisión más fácil que tomé en mi vida. Jugar para la selección es la cosa más noble que existe”, afirmó en una entrevista en 2019.
Apodado “Mano Santa” por su precisión en el tiro, aunque él atribuía su efectividad a una “mano entrenada”, Schmidt acumuló 49,737 puntos en su carrera, la mayor cifra registrada en el baloncesto. En Juegos Olímpicos anotó 1,093 puntos en cinco participaciones consecutivas, desde Moscú 1980 hasta Atlanta 1996, sin ausentarse a ninguna edición en ese periodo.
Entre sus actuaciones más recordadas figura el partido de los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, en el que anotó 55 puntos, una marca que se mantiene como récord en un solo encuentro. También fue clave en la medalla de oro de Brasil en los Juegos Panamericanos de Indianápolis 1987, donde derrotaron a Estados Unidos en la final, y en el bronce obtenido en el Mundial de Filipinas 1978.
A lo largo de su carrera, Schmidt jugó principalmente en Brasil, donde vistió las camisetas de clubes como Palmeiras, Corinthians, Bandeirantes y Flamengo, equipo con el que se retiró en 2003 a los 45 años. En el exterior tuvo etapas en Italia, con Juvecaserta y Pavia, y en España, con el Fórum Valladolid.
En 2013 fue exaltado al Salón de la Fama del baloncesto en Estados Unidos, consolidando su estatus como figura global del deporte. Jugadores como Kobe Bryant reconocieron públicamente su influencia, al señalar que crecieron viéndolo jugar en Europa.
Tras su retiro, Schmidt incursionó en el ámbito empresarial y motivacional, participando en más de 1,000 eventos y colaborando con cientos de empresas. En 2011 fue diagnosticado con un tumor cerebral y en 2022 anunció que había superado la enfermedad.
Su muerte provocó expresiones de pesar en Brasil. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva lo describió como un ejemplo de talento, perseverancia y compromiso con la selección nacional. La Confederación Brasileña de Baloncesto lo calificó como el “símbolo absoluto del deporte” y destacó que “redefinió los límites de lo posible”.
Clubes como Palmeiras y Flamengo también resaltaron su legado, al igual que figuras del baloncesto como Hortência Marcari y Anderson Varejão, quienes subrayaron su impacto en generaciones de jugadores.
Con su fallecimiento, se cierra una de las trayectorias más influyentes en la historia del baloncesto internacional.





