Desde mi experiencia, mi responsabilidad y mi compromiso de vida
Por Margarita «Tata» Cepeda
En la actualidad hay muchas personas tocando, cantando y bailando Bomba. Esa presencia amplia no es, por sí sola, un problema.
El verdadero reto surge cuando dejamos de preguntarnos, con honestidad y conciencia; ¿en qué punto se rompe el eslabón que nos conecta a la Bomba ancestral? Y, ¿en que momento lo que hacemos deja de ser Bomba para convertirse en otra cosa?
La Bomba no es una competencia de movimientos, ni una exhibición vacía, ni una suma de gestos sin raíz.
Cuando la enseñanza se reduce a exageraciones corporales, a faldas imaginarias sin intención, a movimientos tomados de otros géneros como el tango, danzas escénicas y otras expresiones ajenas. Cuando el desorden sustituye el diálogo con el tambor y la apariencia desplaza el sentido; nos alejamos de la esencia de la Bomba.
La responsabilidad no recae únicamente en quien baila o toca. También es responsabilidad de quienes documentan, promueven y validan estas prácticas sin cuestionarlas; contribuyendo a la dilución de un género que posee profundidad histórica, espiritual y comunitaria.
Resulta especialmente doloroso cuando esta pérdida de rumbo proviene de personas con años de trayectoria, que se reconocen como Bomberos «de la mata»; pero que han permitido que tendencias externas y corrientes pasajeras alteren el lenguaje propio del género. Es ahí donde se debilita la raíz y se pierde el respeto.
Este manifiesto no nace desde la superioridad ni desde el ataque. Nace desde la urgencia de cuidar. Cuidar una historia que nos dio identidad. Una expresión que colocó a nuestro pueblo en el mapa mundial como portador de una cultura única y sagrada.
Cuidar el legado de nuestros ancestros; que enfrentaron separación, dolor, sangre y racismo; es un deber. Honrar aquellas familias que sostuvieron esta tradición con sacrificio para que hoy exista, es nuestra responsabilidad.
No se honra la patria ni a los ancestros cuando se adultera su herencia. No se protege la cultura cuando los aplausos son prioridad o cuando los «likes» o la visibilidad está por encima del contenido y el respeto.
Lo que está en riesgo no es una moda ni un espectáculo. Tenemos que ser custodios del legado que vamos a dejar a las nuevas generaciones, para que reciban la Bomba con sentido, integridad y verdad.
Defender la Bomba no es frenar su crecimiento. Es proteger su dignidad. Cuando se desfigura una cultura, se hiere la memoria colectiva. Y cuando se pierde la memoria, se pierde el pueblo.
La cultura no se usa.
La cultura se honra, se cuida y se defiende.




