En la Primera Convención de Pérdida de Peso, Nutrición y Longevidad, la nutricionista Giselle Carazo cuestionó la búsqueda de soluciones rápidas y planteó que Puerto Rico necesita más educación nutricional y menos dietas pasajeras
SAN JUAN, Puerto Rico
Los medicamentos GLP-1 han cambiado la conversación sobre la pérdida de peso, pero para la nutricionista dietista Giselle Carazo hay un mensaje que no puede perderse entre la popularidad de las inyecciones: adelgazar no elimina la necesidad de aprender a comer y mantenerse físicamente activo.
“Hay personas que lo necesitan, pero no todo el mundo tiene que usarlo”, dijo Carazo, también conocida como ‘La Diva de la Nutrición’ a EyBoricua.com durante la Primera Convención de Pérdida de Peso, Nutrición y Longevidad, realizada el sábado 29 de agosto en San Juan.
Su preocupación está en presentar estos tratamientos como un atajo.
“Se ha distorsionado un poco y el mensaje me preocupa: ‘No tienes que hacer ejercicio, no tienes que hacer dieta, inyéctate’. Pero ese no es el mensaje correcto”, sostuvo.
Carazo indicó que ha visto personas utilizarlos para perder apenas 10 o 20 libras y advirtió que quienes reciben estos tratamientos también deben prestar atención a la masa muscular.
“Si lo usas, tienes que aprender a comer, tienes que hacer ejercicio, aumentar la actividad física y hacer ejercicios de fuerza”, señaló.
La nutricionista llevó la discusión un paso más allá durante su presentación al explicar que el propio organismo libera GLP-1. Según Carazo, la fermentación de la fibra produce acetato, butirato y propionato, compuestos que participan en ese proceso.
“Uno come bien y demasiadas cosas buenas ocurren”, afirmó. “Sí se puede producir GLP-1 de manera natural”.
La conversación sobre el peso, sin embargo, no terminó en los medicamentos.
Carazo explicó que la convención nació ante una realidad que considera preocupante: según las cifras que mencionó, más del 70% de la población en Puerto Rico tiene sobrepeso y la obesidad supera el 30%.
Por eso rechaza que la respuesta sea simplemente comenzar otra dieta.
“No queremos que las personas salgan de aquí pensando que van a hacer una dieta más. Queremos que aprendan a comer”, dijo.








Para Carazo, parte de ese aprendizaje pasa por desmontar prohibiciones que se han popularizado alrededor de la alimentación.
“Olvídate de los mitos de que no comas carbohidratos. Los carbohidratos sí se pueden comer; importa el tipo y la cantidad”, afirmó. También rechazó la idea de que las personas con diabetes tengan que eliminar las frutas.
Su propuesta mira, curiosamente, hacia atrás.
Carazo recordó la alimentación de generaciones anteriores en Puerto Rico: arroz, granos, ensaladas, frutas, agua, viandas y una vida con mayor actividad física.
“¿Tú sabías quién sabía mucho de esto? Nuestros auténticos jíbaros de Puerto Rico”, expresó.
Ese regreso a lo sencillo también puede aliviar el costo de comer, sostuvo. Como ejemplo mencionó alimentos como el guineo verde hervido y explicó que incluso ofrece una conferencia sobre cómo economizar en la compra de alimentos tomando como referencia lo que consumían generaciones anteriores.
La longevidad fue otro de los temas centrales de la convención. Ante el envejecimiento de la población puertorriqueña, Carazo insistió en que conservar músculos y movilidad resulta fundamental para mantener la independencia.
“La vejez ya no son las arrugas, son las piernas, los músculos, hacer ejercicio, actividad física”, dijo.
Para las personas mayores de 55 años, su mensaje fue que todavía hay espacio para modificar hábitos. “Nunca es tarde para aprender”, afirmó.
Carazo también apuntó a un problema que trasciende lo que cada persona coloca en su plato: quién está ofreciendo los consejos.
“Se está haciendo mucho caso a personas que son ‘influencers’”, cuestionó. A su juicio, Puerto Rico necesita que nutricionistas dietistas y otros profesionales cualificados tengan mayor participación en la educación sobre alimentación.
También reconoció que existe “espacio para mejorar” en la integración de nutricionistas con médicos y aseguradoras.
La falta de tiempo es otra barrera que identifica entre sus pacientes. Por eso, dentro de su práctica ofrece comidas preparadas y balanceadas para personas que trabajan, viven solas o simplemente no tienen tiempo para cocinar.
La propuesta incluye vegetales, proteína y carbohidratos en porciones determinadas, e incluso versiones de platos como sancocho y lasaña preparadas de manera diferente.
Al final, Carazo vuelve a una idea mucho menos complicada que las dietas, prohibiciones y soluciones rápidas que dominan parte de la conversación sobre el peso.
“Quisiera que las personas busquen información del profesional correcto, que dejen de escuchar cosas bien novedosas y busquen un poquito de vuelta a lo natural”.





