
Es un autor, escritor, empresario, asesor y defensor de la soberanía nacional y la descolonización puertorriqueña radicado en Nueva Jersey y Puerto Rico. Sus libros incluyen “PREXIT: Forjando el camino a la soberanía puertorriqueña” y “Puerto Rico: Hacia una economía nacional soberana.”
La historia de Hawái es una de las experiencias clave que los puertorriqueños deben conocer y comprender al reflexionar sobre el futuro de su nación. Aunque están separados por miles de millas de océano, Hawái y Puerto Rico tienen una historia común marcada por la intervención de Estados Unidos, la pérdida de soberanía y los debates permanentes sobre identidad, cultura, territorio y autodeterminación.
Para quienes creemos en la soberanía de Puerto Rico, la experiencia hawaiana no debe verse simplemente como un capítulo del pasado. Debe estudiarse como una advertencia histórica y como una oportunidad para reflexionar sobre el futuro que deseamos construir para nuestra patria.
De reino independiente a territorio estadounidense
Antes de convertirse en territorio de Estados Unidos, Hawái era un reino soberano reconocido internacionalmente. Mantenía relaciones diplomáticas con varias naciones, tenía una monarquía propia y ejercía plenamente su independencia.
Sin embargo, en el siglo XIX, los intereses económicos de Estados Unidos en las islas aumentaron, especialmente en la producción de azúcar. En 1893, un grupo de empresarios estadounidenses y europeos, respaldados por fuerzas relacionadas con Estados Unidos, estuvo involucrado en el derrocamiento de la reina hawaiana Liliʻuokalani.
En 1898, durante la Guerra Hispano-Estadounidense, Estados Unidos anexó Hawái. Esta anexión sigue siendo polémica desde el punto de vista histórico y legal, en particular entre numerosos nativos hawaianos y académicos que sostienen que el proceso no reflejó fielmente la voluntad del pueblo hawaiano. Por ejemplo, en el plebiscito de Estadidad, aunque miles de estadounidenses (residentes y militares) y sus familiares podían votar, cientos de miles de ciudadanos hawaianos no podían votar. ¿Por qué? Porque los Estados Unidos, para asegurar la victoria de la estadidad, dictaron que sólo los ciudadanos estadounidenses podían participar, dejando fuera a miles de hawaianos. En efecto, se robaron el plebiscito. ¡Qué democracia!
En 1993, la importancia de este episodio quedó claramente evidenciada cuando el Congreso de Estados Unidos aprobó y el presidente Bill Clinton firmó la llamada Resolución de Disculpas. Este acto reconoció oficialmente el papel del gobierno federal en el derrocamiento del Reino de Hawái y expresó su arrepentimiento por estos eventos.
Aunque la resolución no devolvió la soberanía hawaiana, fue un importante reconocimiento histórico: el gobierno de los Estados Unidos aceptó que la caída del reino hawaiano ocurrió en circunstancias cuestionables e ilegales.
El problema de convertirse en minoría en la propia tierra
Uno de los fenómenos más notables en Hawái en el último siglo ha sido el cambio profundo en su demografía. Actualmente, los hawaianos nativos constituyen solo una minoría en la población de las islas. La inmigración masiva de extranjeros (estadounidenses y otros), la compra de tierras por intereses externos, el desarrollo inmobiliario acelerado y el incremento del costo de vida han alterado significativamente la estructura social y económica del archipiélago.
Muchos hawaianos enfrentan grandes dificultades y retos para comprar viviendas en las tierras de sus antepasados. Algunos han emigrado al territorio continental de Estados Unidos en busca de mejores oportunidades económicas, lo que ha provocado una significativa diáspora hawaiana.
Para muchos puertorriqueños, esta realidad resulta alarmantemente conocida. Puerto Rico ha visto partir a cientos de miles de residentes en las últimas décadas. La emigración en masa, en especial hacia Estados Unidos, ha disminuido la población de la isla, mientras que la adquisición de propiedades por parte de inversionistas externos, fondos de inversión y personas con un poder adquisitivo mucho mayor que el del puertorriqueño promedio ha aumentado.
La cuestión que debemos plantearnos es simple: ¿qué sucede cuando una nación pierde gradualmente a su población mientras otros toman el control económico de su territorio?
La cultura puede sobrevivir, pero requiere protección
A pesar de las fuertes presiones a lo largo de la historia, los hawaianos han luchado por mantener su identidad nacional.
Durante décadas, han promovido esfuerzos para revitalizar su idioma, proteger sus tradiciones culturales y fortalecer su identidad nacional. Actualmente, el idioma hawaiano ha experimentado una recuperación importante gracias a programas educativos y movimientos comunitarios. Esta experiencia brinda una valiosa lección para Puerto Rico.
Nuestra lengua española, tradiciones, historia nacional e identidad cultural han demostrado una notable resistencia durante más de un siglo bajo el dominio estadounidense. A diferencia de otros territorios anexados a Estados Unidos, Puerto Rico ha mantenido su idioma principal, su identidad nacional propia y una cultura claramente caribeña e hispanoamericana.
No obstante, la experiencia en Hawái muestra que la conservación cultural nunca está asegurada. Necesita instituciones sólidas, educación, conciencia histórica y el compromiso de la ciudadanía.
Bad Bunny y una conversación necesaria
La canción «Lo que le pasó a Hawaii» del artista puertorriqueño Bad Bunny generó una conversación significativa tanto dentro como fuera de Puerto Rico.
Más allá de las interpretaciones políticas específicas, la canción planteó preocupaciones sobre la identidad nacional, el desplazamiento económico, la gentrificación y el futuro del pueblo puertorriqueño. La mención a Hawái no fue accidental.
Para muchos puertorriqueños, Hawái simboliza un ejemplo de cómo una nación puede mantener sus símbolos culturales mientras va perdiendo gradualmente el control político y económico sobre su territorio. La preocupación principal no es solo quién gobierna, sino también quién posee la tierra, quién controla la economía y quién tiene la posibilidad de vivir en su propio país.
Las lecciones para Puerto Rico
Desde un punto de vista patriótico puertorriqueño, hay varias lecciones clave.
Primero, la tierra importa.
Los pueblos que dejan de controlar su territorio pierden, con el tiempo, la capacidad de decidir su destino económico. Por eso, es fundamental promover que los puertorriqueños comprometidos con el futuro del país adquieran, conserven y desarrollen tierras.
Segundo, la diáspora importa.
Millones de puertorriqueños viven en el extranjero. Su retorno, inversión, participación económica y compromiso con Puerto Rico pueden ser fundamentales para fortalecer el país.
Tercero, la cultura importa.
La experiencia en Hawái muestra que mantener la cultura requiere esfuerzos conscientes. La educación, la historia, las artes, la música y el idioma son herramientas clave para preservar la identidad cultural.
Cuarto, la soberanía importa.
Aunque los puertorriqueños tienen opiniones variadas sobre el futuro estatus político de la isla, los soberanistas sostienen que solo un Puerto Rico con plena capacidad de autodeterminación puede asegurar la protección de sus intereses económicos, culturales y territoriales a largo plazo.
Un llamado a la reflexión nacional
La historia de Hawái no solo es relevante para los hawaianos, sino que también ofrece valiosas lecciones a otros pueblos que enfrentan desafíos en materia de autodeterminación, identidad nacional y conservación cultural.
Puerto Rico aún tiene la oportunidad de definir qué clase de país quiere ser en el siglo XXI. Podemos ignorar la experiencia hawaiana o analizarla en detalle para aprender de sus lecciones.
Para quienes tenemos fe en la soberanía de Puerto Rico, la enseñanza fundamental es clara: ninguna nación puede abdicar indefinidamente de su destino sin poner en riesgo su identidad, su territorio y su futuro. La protección de Puerto Rico inicia con la defensa de nuestra cultura, tierra, pueblo y conciencia nacional.
Porque una nación no desaparece solo por perder unas elecciones. La desaparición ocurre cuando deja de tener confianza en sí misma. Y Puerto Rico, tras más de cinco siglos, continúa creyendo en su propio destino.





