El icónico negocio familiar en Guaynabo se despide tras casi cuatro décadas, mientras su dueña reflexiona sobre el futuro y el cariño de sus clientes
GUAYNABO, Puerto Rico – Altamira Bakery cerrará sus puertas este jueves, luego de que un aumento en la renta duplicara el costo del alquiler y obligara a la familia propietaria a tomar una decisión difícil.
“Estaban duplicando la renta”, explicó Betty Fragela, copropietaria del negocio junto a su padre y hermanos. Según relató, la administración del edificio les informó que preferían “otro tipo de negocio que les dejara más ganancia en la renta” y que por eso no renovarían el contrato.
Fundada por su padre, quien hoy tiene 93 años, la panadería ubicada en el Centro Comercial Altamira se mantuvo abierta sin interrupciones durante 38 años.
“Fue mi papá quien abrió esto. Y desde entonces hemos estado aquí, sin fallar”, recordó Fragela, conmovida por la reacción de la comunidad.
La noticia, divulgada anoche en un reportaje de la periodista Natalia Meléndez, generó tantas llamadas y muestras de apoyo que Betty decidió posponer unos días el cierre para que todos pudieran despedirse. Esta mañana, Meléndez fue al lugar a desayunar y fue recibida por aplausos y saludos cariñosos por parte de los clientes regulares de la panadería.
Entre los clientes reunidos estos días estaba Tomás “Tommy” Figueroa, quien describió qué significaba para ellos el lugar. “El Altamira Bakery es un sitio de vacilón, de pasarlo bien, de venir a compartir con gente buena. Y que nos permitan compartir, porque nosotros hacemos lo que nos da la gana y aquel no se atreve a decirnos nada”, contó entre risas, aclarando que se refería en broma a uno de los empleados.
José Torres, otro de los habituales, comentó que lo que más disfrutaba era la rutina diaria con sus compañeros. “Hace como más de 20 años que vengo”, dijo. “Lo que más me gusta es el grupo y el café”
Una clienta que prefirió no identificarse resumió con sencillez por qué regresar cada mañana era indispensable para muchos. “Significa mucho porque para él es una terapia”, comentó mientras señalaba a su esposo.
Altamira Bakery fue también punto de encuentro de vecinos, empleados de oficinas cercanas y figuras públicas. Muchos llegaban atraídos por su menú tradicional: el sandwich de bistec, la frita cubana, los pastelillos de carne, los quesitos y un café que se volvió excusa para quedarse conversando largo rato.


Aunque Fragela reconoce que ya estaba cerca del retiro, no descarta que el cariño de los clientes la motive a buscar un nuevo local en el futuro, siempre que cuente con estacionamiento y espacio suficiente. “Lo que quiero es que sepan que estamos siempre con el mismo amor y cariño. Que no los he abandonado. Esto es un hasta luego. Simplemente nos dejaron cesante porque el grande se come al pequeño”, aseguró.
Hasta el jueves, las puertas permanecerán abiertas, mientras cada visita se convierte en una despedida. Y aunque cierre el local, muchos coinciden en que Altamira Bakery seguirá siendo, como dijeron varios de sus clientes, un lugar que se queda en uno.





