Una cata celebra cuatro décadas de vinos gallegos, con la participación de Rosa Ruiz y un recorrido por las añadas más memorables
Por Amanda Díaz de Hoyo
Especial para Eyboricua.com
De un tiempo acá son muchos los conocidos que han ido a dar sus andanzas al Camino de Santiago. Me alegro mucho por ellos y ese camino de reflexión. Por lo menos, en mi librito lo que he hecho es conmemorar las 40 vendimias de Santiago Ruiz, el gran maestro que puso a las Rías Baixas en el mapa de Galicia para el mundo. Claro, además de eso, adentrarme en el espíritu de sus vinos cada vez que puedo, porque la práctica hace la perfección y es buena excusa para seguir aprendiendo de emociones y sensaciones del paladar.
En los pasados días, tuve la magnífica oportunidad de participar en una cata vertical junto con la hija de Santiago Ruiz, Rosa Ruiz, por el aniversario de esa cuadragésima vendimia, un lujazo de oportunidad para comparar los estilos de vino de una misma casa.
La elegante sencillez de un mapa
La historia del mapa que ha servido de portaestandarte de Santiago Ruiz se remonta a una época pasada, cuando no había GPS ni Google Maps. Para poder ubicar la bodega, lugar de la boda de una de las hijas de Santiago, el patriarca recurrió a una servilleta en blanco y una pluma, y, utilizando ese arte casi perdido de diseñar de la nada y de escribir en letra de molde y cursiva, surgió la etiqueta que todos conocemos hoy día. Más de una vez me he referido al vino Santiago Ruiz como el albariño del mapa en la etiqueta. Lo que quizá fuera una necesidad se convirtió en un acierto de marketing y calidad enológica.
Esta simpática historia familiar no la conocía hasta este encuentro con Rosa Ruiz, pero aseguro que esos albariños los conozco muy bien, y de cariño los he llamado “Chaguito” Ruiz. Así solía decirles en mis tiempos como miembro de la facultad de Ciencias Agrícolas del R.U.M. Salía tarde de reuniones allá y conducir hasta mi casa en la zona metro era estresante, así que reconfortarme en una copa fresquita de “Chaguito” era culminar con éxito la jornada laboral. Por eso, este vino pertenece a una clasificación personal que le tengo a ciertos vinos. Es un vino de confort, de regresar a casa y de comodidad en el paladar.
Entre la nostalgia y la ruta, estos vinos que desde 1984 hasta el presente nos traen la expresión de la cepa Albariño, sin dejar fuera la aportación en menor escala, como manda la reglamentación de la D.O., de cepas autóctonas como Loureiro, Caiño Blanco, Treixadura y Godello, se destacan por su armonía constante.



La cata vertical
En esta cata conmemorativa de las 40 vendimias se presentó un Santiago Ruiz del 2014. Este vino rompe uno de los mitos más arraigados en el conocimiento general de muchos consumidores: los vinos albariños no tienen guarda. Ajá, aquí se tienen que considerar muchos factores, y hay unos que están elaborados para disfrutarse en su juventud, pero hay otros de usted y tenga.
En el 2014 me encontré con un onceañero muy vivo en sus destellos visuales, de tonalidades pajizas. Con una nariz fresca, entre notas de fruta blanca, algo de peras y acentos minerales, mientras que en boca continuó su paso por las frutas y flores para terminar con buena astringencia.
Las añadas siguientes, 2017, 2022 y 2024, reflejan la constancia en estilo y expresión de la bodega. De tonalidades pajizas, notas afrutadas, con notas de flores blancas acentuadas por el jazmín, se mostraron plenos y agradables. Sugieren opciones de maridaje variadas, desde frituras como chicharrones de dorado hasta pastas y arroces en salsas de mariscos o vegetales.
Luego de los Santiago Ruiz pasamos a la línea de Rosa Ruiz, que lleva en su etiqueta una puerta roja que me sugiere la entrada a una nueva dimensión dentro de esta bodega.
Son vinos muy pensados, con un estilo de sencilla elegancia como es Rosa, y denotan el deseo y el ingenio de la enóloga Luisa Freire de expresar el vino con otras energías. Las tres añadas degustadas, 2022, 2023 y 2024, presentan vinos monovarietales, de cepas selectas por ser de mayor antigüedad y con bajos rendimientos. Provienen de una subzona de la D.O. que me fascina por su expresión de terruño: O Rosal. Ahí se conjuga muy bien el suelo, la cepa, el granito y la brisa marina para dar complejidad al Albariño. Aunque los tres son muy expresivos, fue el 2024 el que me llamó la atención por su potencial y sentimiento. Es la añada de despedida de Rosa Ruiz, que se retira de la vida laboral, y elaborado con cepas de entre 30 y 40 años, en cantidades limitadas, es un verdadero lujo haberlo tenido en copa y compartir con la magnífica mujer de vino que es Rosa.
Los vinos de la Bodega Santiago Ruiz se consiguen en La Bodega de Méndez y en comercios especializados. Los de producción limitada son otro cantar… Salud.





