La visión de un Puerto Rico estado de la Unión, hispanohablante y soberano culturalmente, choca con las realidades políticas y sociales de Estados Unidos
Por Javier A. Hernández
Durante décadas, el PNP ha vendido a los puertorriqueños una visión idílica de la “estadidad”: un estado hispanohablante de un país “poderoso”, con su propio sistema educativo y judicial en español, con dos senadores y seis congresistas en Washington, conservando la identidad nacional puertorriqueña, su Comité Olímpico y, además, recibiendo miles de millones de dólares adicionales en fondos federales para más mantengo. Ese es el sueño de muchos estadistas. Es un cuadro atractivo, pero totalmente ficticio. La realidad política, fiscal y social de Estados Unidos demuestra que esa versión de “estadidad jíbara” no existe ni existirá.
class="wp-block-heading">El mito de un estado en español
Puerto Rico es predominantemente hispanohablante, con más del 95 % de su población que usa el español en el hogar, la educación y los tribunales. El PNP afirma que, al convertirse en estado, esa realidad se mantendrá. Sin embargo, Estados Unidos, en la práctica, es una nación anglófona y tiene una historia larga de imponer su cultura, poder e idioma a las minorías culturales, como sucedió en Hawái, Nuevo México, Luisiana, Texas, California y otros estados. Veintisiete estados ya han establecido leyes que oficializan el inglés a nivel estatal, y el propio presidente Trump ha emitido órdenes ejecutivas que refuerzan el uso del inglés como idioma único del gobierno federal. En la capital estadounidense, la idea de una «estadidad jíbara” resulta risible, si no fuera por lo absurdo de la situación.
Hoy ya vemos los efectos: HUD (el Departamento federal de Vivienda) anunció que sus servicios estarán disponibles solamente en inglés, afectando a cientos de miles de puertorriqueños que no dominan ese idioma. ¿De verdad aceptaría el Congreso un nuevo estado donde casi toda la vida pública funcione en español? ¿A un estado que, de facto, desafía (y ha resistido históricamente y luchado en contra de) la política de “English only”? La respuesta es clara: no. No se trata de ser bilingüe o hablar inglés de manera superficial; el español es el idioma nacional de Puerto Rico, y eso lo reconoce el propio gobierno federal.
Representación federal: un cambio que nadie quiere
Con una población de 3.2 millones de habitantes, Puerto Rico tendría derecho a dos senadores y al menos seis congresistas. En términos numéricos, nuestra población supera a la de 20 estados ya integrados en la Unión. No obstante, esa representación cambiaría notablemente el equilibrio de poder en Washington, en perjuicio de los republicanos, tanto en el Congreso como en las elecciones presidenciales. Los estados republicanos no respaldarán la estadidad simplemente por no querer perder su propia representación congresional.
Lejos de entusiasmar al liderazgo político de EE. UU., esa posibilidad provoca recelo y miedo. En 2024, el Partido Republicano eliminó con éxito la “estadidad” de su plataforma. Aunque los demócratas presentaron una resolución interna a favor, fue más un gesto para ciertos donantes que un compromiso real, como se ha visto durante las presidencias de Obama y Biden – hablan mucho sobre “estadidad” e “igualdad” en la campaña, pero una vez elegidos, se olvidan de Puerto Rico. Hoy, el Congreso, liderado por los republicanos, no muestra interés alguno en admitir a Puerto Rico como estado. Incluso, recientemente, el republicano Tom McClintock apoyó la independencia de Puerto Rico, considerando que es el mejor camino para nuestros países.
La pregunta es sencilla: ¿acogerían los estadounidenses ver a seis congresistas y dos senadores puertorriqueños defendiendo en español una agenda distinta a la del resto del país? Si la respuesta es negativa, que lo digan claramente.
¿Quién pagará la cuenta?
El PNP repite que “la estadidad es para los pobres”, porque su plan económico se basa en exigir miles de millones adicionales de fondos federales para mantengo y más dependencia. Citan Medicaid, educación, carreteras, desastres naturales, entre otros. Hablan de al menos $10 mil millones al año en nuevos fondos… claro, de los contribuyentes americanos.
Pero Estados Unidos enfrenta un debate nacional sobre déficits y gastos, y tiene una deuda pública masiva de más de $37 billones (trillion en inglés). ¿Están dispuestos los contribuyentes de los 50 estados a pagar más impuestos para apoyar a un nuevo estado en crisis económica crónica que promueve el mantengo como un plan económico? El informe de 2014 de la Oficina de Contabilidad General (GAO) advirtió que la estadidad sería catastrófica tanto para la economía de Puerto Rico como para las finanzas federales.
El Congreso lo sabe, y por eso el silencio: no van a admitir un estado cuyo plan económico sea cargar (y robarle) más a los bolsillos del pueblo estadounidense.
Identidad nacional: la piedra en el zapato
El principal obstáculo para la estadidad es la identidad nacional puertorriqueña. Puerto Rico no es un territorio lleno de anglosajones de Minnesota que esperan la anexión. Aunque algunos estadistas y cabilderos niegan y se enojan por la existencia de la nación puertorriqueña, somos una nación latinoamericana y caribeña con nuestra propia cultura, historia, idioma, literatura y conciencia nacional. Ese hecho no lo puede destruir nadie.
Los puertorriqueños no se sienten “americanos” en el mismo sentido que Washington quisiera. La mayoría ve a Puerto Rico como su propia nación y rechaza la asimilación. Encuestas y el plebiscito de 2024 lo ratifican: más del 43 % apoya opciones de soberanía, como la independencia o la libre asociación, y esta cifra sigue creciendo, especialmente entre jóvenes y profesionales. El soberanismo y el independentismo ya no son movimientos marginales; ahora, a pesar de la negación de los asimilistas, constituyen una fuerza y un gran bloque patriótico que representa y defiende a casi la mitad del país.
La “promesa” de que con el tiempo nos integraremos y perderemos nuestra identidad es simplemente un engaño. Si el Congreso y el pueblo estadounidense no están dispuestos a aceptar una nación puertorriqueña dentro de la Unión —con todo lo que eso significa—, que lo digan de frente.
Las verdaderas alternativas
El territorio dejó de ser una opción. Aunque el PPD y el comisionado residente lo niegan, el Estado Libre Asociado (ELA) es un estatus colonial, ilegítimo y rechazado tanto en Puerto Rico como internacionalmente. Conservarlo solo agrava la pobreza, la dependencia, la humillación y la ausencia de democracia.
Eso nos deja con la única salida digna y viable: la soberanía. Ya sea mediante la independencia con un Tratado de Amistad y Cooperación, o mediante un pacto de libre asociación, la soberanía permitiría a Puerto Rico ser dueño de su futuro, controlar su economía y política, y relacionarse con Estados Unidos y el mundo en igualdad de condiciones.
A diferencia de la estadidad, la soberanía afirma nuestra identidad nacional, impulsa nuestro desarrollo económico y nos permite actuar como nación en foros y organizaciones internacionales. Mientras que la estadidad sería tener un asiento en la mesa de los niños de otro país (donde 50 estados compiten por su tajada del presupuesto federal), la soberanía significa tener nuestra propia mesa, liderando nuestra propia República en el mundo de países libres. Además, la soberanía elimina la vergüenza de ser “ciudadanos de segunda” en un modelo colonial permanente. Por fin, bajo la soberanía, seríamos ciudadanos puertorriqueños en nuestro país y ante el mundo.
Hora de claridad y valentía
Es momento de que el Congreso y el presidente hablen con claridad. Si la “estadidad jíbara” que promueve el PNP es inaceptable para Estados Unidos —y todos lo sabemos—, que lo expresen. Asimismo, si el «ELA mejorado» y la “autonomía” que propone el PPD son inaceptables e inconstitucionales para Estados Unidos —y todos lo reconocen—, que también lo digan.
Seguir manteniendo la mentira de que esa estadidad existe solo prolonga el engaño y la humillación al pueblo puertorriqueño. El propio Dr. José Celso Barbosa lo dijo: “si no nos conceden la estadidad, que nos otorguen la independencia”.
La verdad es simple: la estadidad jíbara que nos prometen no existe. La estadidad que sí existe no permite la existencia de una nacionalidad puertorriqueña (pregúntales a los hawaianos). La estadidad jíbara es un mito que el PNP sigue usando para mantener a un sector del pueblo dormido, obediente y bajo control. Estados Unidos no aceptará un estado mayoritariamente hispanohablante, orgullosamente nacional puertorriqueño y donde casi la mitad rechaza la anexión. El único camino responsable, justo y viable es la soberanía.
Cualquier otra cosa no es más que seguir engañando a nuestra gente.




