El ingeniero y académico puertorriqueño Rafael Brás hizo las expresiones durante una reunión de presidentes y rectores convocada por Echar Pa’lante, donde alertó sobre el colapso de la credibilidad, la presión demográfica, el alto costo de estudiar y el impacto acelerado de la inteligencia artificial
SAN JUAN, Puerto Rico — La educación universitaria en Estados Unidos y en gran parte del mundo atraviesa su peor crisis histórica y el daño acumulado tomará décadas en repararse. Así lo advirtió el ingeniero y académico puertorriqueño Rafael Brás durante su intervención en la Reunión Anual de Presidentes y Rectores convocada por la alianza multisectorial Echar Pa’lante, celebrada en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.
“Bueno, la educación en Estados Unidos y en el mundo entero nunca ha estado en peor situación”, afirmó Brás al inicio de su presentación. “El daño hecho a la educación universitaria en Estados Unidos va a tomar décadas”, añadió, al señalar que la crisis ya no es local, sino que “se está regando por el mundo entero”.
Durante su exposición, Brás sostuvo que la educación superior enfrenta presiones simultáneas que obligan a un cambio profundo del modelo universitario. Identificó los cambios demográficos como el reto número uno, tanto en Estados Unidos como a nivel global, destacando el envejecimiento acelerado de la población y la reducción de estudiantes en edad universitaria. Citó ejemplos como China, un país que históricamente se asociaba con crecimiento poblacional y que hoy pierde habitantes, con consecuencias económicas severas. En el caso de Puerto Rico, afirmó que esa crisis demográfica ya es una realidad.
Otro eje central de su análisis fue la pérdida de credibilidad y confianza en la educación universitaria. Brás explicó que hace una década la confianza pública en el sistema académico en Estados Unidos rondaba el 60%, pero que esa cifra cayó al 36% el año pasado y apenas se ubicó en 42% este año. A su juicio, esa desconfianza responde a múltiples factores, entre ellos la percepción de politización, el alto costo de estudiar, la desconexión entre los estudios y el empleo, y dudas sobre la calidad de la formación. “Es triste, es una situación seria”, expresó, al subrayar que la crisis de credibilidad es mundial.
Brás también cuestionó la vigencia del modelo tradicional de formación universitaria, centrado en preparar estudiantes para empleos estables. Indicó que ese enfoque resulta anticuado frente a una generación que busca autonomía, flexibilidad y emprendimiento. “El estudiante de hoy quiere ser su propio jefe. Hay que reconocer eso”, afirmó, al insistir en que las universidades deben formar personas capaces de crear valor, resolver problemas y adaptarse a un entorno cambiante.

El caso de Puerto Rico: fragmentación, deuda y baja graduación
En cuanto al costo y el acceso, advirtió que la crisis no se limita a la matrícula universitaria. Señaló que el costo de vida asociado a estudiar —vivienda, transportación y servicios— supera en muchos casos el costo de la matrícula, lo que limita el acceso y agrava la deuda estudiantil. Según explicó, el valor de la educación debe evaluarse en función de las oportunidades reales que genera para los egresados.
Al referirse específicamente a Puerto Rico, Brás describió un sistema universitario fragmentado e ineficiente. Indicó que el país cuenta con poco más de 100,000 estudiantes universitarios distribuidos en 58 instituciones, una proporción que calificó como insostenible. “Cincuenta y ocho instituciones para 100,000 estudiantes no hace sentido. Es una ineficiencia grasa. Tarde o temprano eso se rompe, si no está roto ya”, afirmó.
También criticó las bajas tasas de graduación, que en algunos casos rondan el 30% en seis años y, en las mejores instituciones, apenas alcanzan entre 50% y 60%. Según explicó, ese problema no solo implica la pérdida de talento, sino una carga económica para estudiantes que asumen deudas sin completar sus estudios. “Esa tasa de graduación hay que cambiarla”, sostuvo, al afirmar que la prioridad número uno de las universidades debe ser retener y apoyar a los estudiantes hasta que se gradúen.
Tecnología, política y el fin del “ivory tower”
Brás dedicó parte de su presentación al impacto acelerado de la tecnología y la inteligencia artificial. Señaló que, aunque lleva décadas estudiando estos temas, el ritmo de desarrollo reciente no tiene precedentes. A su juicio, la inteligencia artificial transformará la educación para bien y para mal, y las universidades deben adaptarse con rapidez. “No somos el clásico ‘ivory tower’. Eso ya no existe”, advirtió. “El que siga pensándolo va a dejar de existir”.
Finalmente, alertó sobre el creciente peso de la influencia política y los cambios geopolíticos en la educación universitaria, incluyendo la ruptura del modelo de colaboración entre el gobierno federal y las universidades que, según explicó, sustentó por más de 75 años el desarrollo científico y económico de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial.

La presidenta ejecutiva de Echar Pa’lante, Gloria M. Viscasillas, destacó que la reunión busca precisamente enfrentar estos retos desde la colaboración multisectorial. “Somos una comunidad que juntos hemos estado aprendiendo y una comunidad que estamos aprendiendo a colaborar siguiendo prácticas de ciudadanía avanzada”, expresó. “Esto que estamos haciendo hoy es una iniciativa de continuidad, sin importar los cambios de administración o de liderato”, añadió.
Por su parte, el secretario de Educación, Eliezer Ramos Parés, coincidió en que las alianzas entre universidades, gobierno y sector privado son esenciales para atender la crisis educativa. “En las alianzas está el reto de sobrellevar los problemas que tiene Puerto Rico. Nadie lo puede lograr solo”, afirmó. Añadió que los esfuerzos impulsados por Echar Pa’lante ya comienzan a reflejarse en el sistema escolar. “Ya se empiezan a sentir, ya se empiezan a notar”, dijo en referencia a la integración de emprendimiento e innovación en las escuelas.
Para Brás, el mensaje es claro: la educación universitaria debe transformarse de manera deliberada y profunda. “La educación tiene que cambiar”, advirtió, al señalar que ajustes superficiales no serán suficientes ante una crisis de esta magnitud.





