Ricardo Diéguez, director general de Herederos del Marqués de Riscal, repasó los momentos que transformaron a una bodega de Rioja en una marca global que hoy combina vino, arquitectura, gastronomía y experiencias
SAN JUAN, Puerto Rico
Cuando Ricardo Diéguez habla de Marqués de Riscal, no habla como si estuviera describiendo una bodega. Habla de una empresa que lleva más de siglo y medio cuestionando la forma en que se hacen las cosas en el mundo del vino.
Durante una presentación celebrada en el restaurante 1919 del Hotel Condado Vanderbilt, el director general de Herederos del Marqués de Riscal repasó la historia de una casa fundada en 1858 que, según explicó, ha construido su reputación a partir de una idea sencilla: adelantarse a los demás.
“Hay negocios que son seguidistas y están muy bien. Hay negocios que son innovadores y disruptivos que para mí están mejor”, afirmó ante un grupo de invitados de la industria gastronómica y comercial.
La afirmación sirve como punto de partida para entender una trayectoria marcada por decisiones que, en su momento, parecían poco convencionales.
Mucho antes de que Rioja se convirtiera en una referencia internacional, Marqués de Riscal apostó por técnicas inspiradas en Burdeos e introdujo Cabernet Sauvignon en España. Décadas después, en 1895, obtuvo el Diploma de Honor de la Exposición de Burdeos, un reconocimiento que convirtió a la bodega en la primera productora de vino no francés en recibir esa distinción.
“Cuando tú tienes la capacidad de visionar, liderar dónde quieres ir sin que nadie lo haya desarrollado antes, tiene un mérito extraordinario porque estás abriendo un camino para todos los demás”, sostuvo.
Ese mismo espíritu reapareció en 1986 con Barón de Chirel.
En un momento en que Rioja atravesaba una etapa de escasa innovación, Marqués de Riscal decidió elaborar un vino distinto. El resultado fue una etiqueta que ayudó a cambiar la conversación sobre los vinos de alta gama producidos en la región.
“Vamos a hacer unos vinos de absoluta categoría y vamos a hacer vinos premium en Rioja que jamás se habían hecho”, recordó Diéguez al explicar el origen del proyecto.
Veinte años más tarde, la bodega volvió a desafiar las expectativas. Esta vez no con una botella, sino con un edificio.
La construcción de la Ciudad del Vino y del hotel diseñado por Frank Gehry transformó a Marqués de Riscal en uno de los grandes referentes del enoturismo europeo.
“El mundo del vino no solo es hacer un buen vino. El mundo del vino es también vivir las experiencias del mundo del vino”, afirmó.
Según explicó, el proyecto permitió pasar de unos 2,000 visitantes anuales a cerca de 100,000, convirtiendo a la bodega en una plataforma para hablar de vino, gastronomía, cultura, paisaje e historia.

Esa visión es precisamente la que Diéguez llevó a Puerto Rico.
Lejos de limitarse a una degustación de etiquetas como Marqués de Riscal Reserva 2021, XR Reserva 2021 o Barón de Chirel, la visita buscó reforzar la relación de la bodega con un mercado que considera especialmente atractivo.
“Os encanta el vino de calidad. Te vas a los restaurantes, vino de calidad. Te vas a las enotecas, vino de calidad”, expresó.
Para el ejecutivo, la isla posee características poco comunes: una sólida cultura gastronómica, una creciente comunidad de coleccionistas y una afinidad histórica con el vino español.
Esa conexión también se refleja en la relación con Ballester Hermanos, distribuidor de la marca desde 1933.
“Ballester para nosotros es nuestra familia. Son nuestros socios y tenemos una conexión total”, señaló.
Hoy, con presencia en cerca de 90 países, Marqués de Riscal busca seguir creciendo sin abandonar la filosofía que, según Diéguez, ha definido a la bodega desde sus orígenes: mirar hacia adelante.
“No estamos en el corto plazo. Estamos en el medio y largo plazo”, afirmó.
Y quizás ahí está la verdadera historia. No en una bodega de 167 años, sino en una empresa que sigue actuando como si todavía tuviera algo que demostrar.





