Una gobernadora cuestionada y un aspirante sin propuestas nuevas encarnan, desde trincheras opuestas, el deterioro del liderato y la desconexión con la realidad política de Puerto Rico
Por Wilda Rodríguez
Periodista
Quizás se consideran a millas de distancia, pero Jennifer González y Pablo José Hernández son parte del mismo fenómeno de decadencia política.

Una que va de salida, aunque no se haya enterado de su deterioro, y el otro que entra con sentido propietario a un liderato que le queda grande.
Tuve la oportunidad de conocer a los últimos grandes políticos del país —de todas las ideologías— para saber la diferencia entre un político y una mala imitación o un plagio. Entre los que ya no están y con los que tuve más cercanía figuran Juan Mari Bras (PSP), Justo Méndez (PNP), David Noriega (PIP) y Rafael Hernández Colón (PPD). Los que están todavía por ahí no los menciono para que no se peleen. Entre las pocas mujeres que han podido descollar, Felisa Rincón y Velda González (ambas del PPD) sabían más de política que los que llamaban sus líderes.
El liderato del PNP decayó en calidad política mucho antes que el PPD, pero en su desesperación electorera el PPD se dañó más rápido. Este deterioro, junto al más grande deterioro deliberado de la educación, estropeó el electorado. Y aquí estamos.
Tener en La Fortaleza a una embustera beligerante y como candidato temprano a la gobernación en las elecciones del 2028 a un joven que elige ignorar la historia política de Puerto Rico, no debe entonces sorprendernos.
Vamos a tomarlos separadamente porque, aunque sean parte del mismo fenómeno político, son personajes muy diferentes. No voy a escribir una tesis sobre cada uno. Voy a limitarme a los últimos acontecimientos que son harto elocuentes.
Si algo ha quedado claro es que Jennifer González no sabe ni puede gobernar. La rebasó la complejidad de la asignación colonial. Su respuesta a todas las grandes dificultades es nombrar a alguien que le resuelva y asuma la responsabilidad, aunque a la larga irremediablemente recae en ella. No puede gobernar porque se le añade a su ignorancia el escollo de la oposición dentro de su propio partido y su prepotencia. Sus días en La Fortaleza deberían estar contados, pero no hay movimiento conducente a eso.
La encuesta confiable más reciente —porque aquí no hay muchas y casi ninguna confiable— es la de Lourdes Fernández (LIT DATA). Esta indica que, en el mes de julio, aumentó en 7.7% el segmento de la gente disgustada con el gobierno de JG y considera que está gobernando “malísimo”. Eso se añade al 30.34% del mes anterior para un récord de todos los tiempos de 38.04%.
Si a eso se le suma el 20.31% de los que creen que gobierna “malo”, tenemos un 58.35% de opinión desfavorable a apenas siete meses de su gestión. Los que consideran que está haciendo un excelente o buen trabajo no llegan al 16%. Los demás, ni fu ni fa. Nunca vi una depreciación de un gobernante más grande que esa en tan poco tiempo.
Jennifer González ya tiene sustitutos en fila. Aunque hay seis alternativas para su destitución, ninguna está en proceso:
● Que el PNP la obligue a renunciar.
● Residenciamiento por parte de la Legislatura.
● Un arresto espectacular del FBI.
● Que renuncie con una excusa médica o familiar.
● Que Trump federalice (aún más) la colonia.
● Que el pueblo la saque como sacó a Ricardo Rosselló.
Después del desastre de estos siete meses, ¿el PNP esperará tres años y medio para tomar acción oficial contra ella? ¿Por qué el PNP ha dejado que llegue hasta esto cuando es evidente que ha contribuido a su caída en la opinión pública? Mientras más tiempo pasa, más oportunidades de reinventarse para una politiquera astuta como Jennifer González, aunque le toque solo administrar la miseria.
El caso de Acueductos era una muerte anunciada, pero jamás pensamos que la precipitaría la pugna entre los penepés de Jennifer González y los de Pedro Pierluisi. El problema que tenemos es que esa situación política intrapartido está afectando a todas las agencias del gobierno y que la víctima siempre es la misma: el pueblo. ¿Cuál será la próxima crisis precipitada por el mismo PNP?
Estamos en un callejón sin salida del que no tenemos autorización para salir aunque pudiéramos; y todavía hay quien dice que esto no es una colonia, sino un proyecto de libertad fracasado.
El residenciamiento por parte de la Legislatura es improbable. Se trata de prácticamente un juicio al gobernante por traición, soborno u otros delitos que impliquen depravación. La Cámara de Representantes, léase Carlos “Johnny” Méndez, que es team Jennifer, tendría que iniciar el proceso con dos terceras partes de los representantes a favor, y el Senado sería el que pase juicio y emita la sentencia. Es un proceso político complicado que nunca se ha hecho, y creo que ahora tampoco.
El FBI. Aquí todo el mundo espera que el FBI sea la solución para todo. Los rumores son rumores. Esos dicen que tienen a más de un PNP envuelto en actos de corrupción y fraude, incluyendo a Jennifer González. ¿Pero es cierto? Solo el FBI lo sabe.
Jennifer González podría decidir que no aguanta más y buscar una excusa médica o familiar para dejar el cargo. Si las tuvo para obtenerlo, las puede tener para dejarlo, pero todavía tiene las plumas de guerra puestas. No veo eso a corto plazo.
Washington podría despedirla o hacerla irrelevante. Aunque ya la Junta de Control Fiscal implica un acto de federalización y ahora se añade el de Trumpetización con el despido de directores demócratas, Trump podría ampararse en el desmadre del gobierno de Puerto Rico para derogar la Ley 600 que autorizó la Constitución del ELA y nombrar directamente a un gobernador y comisionados federales que supervisen y decidan sobre todas las gestiones gubernamentales. ¿Exagero? Claro que sí; pero vale la pena recordar quién es el dueño del circo. Si amenaza con federalizar a Washington, D.C., puede levantarse del lado equivocado de la cama y amenazar a Puerto Rico. Que lo haga es otra cosa, porque (1) es un capricho complicado que le puede traer más problemas que alegrías; y (2) Jennifer González es una republicana que ha optado astutamente por ponerse con él a la extrema derecha del espectro político, buscando protegerse del PNP y del mismo Trump.
Quedaría el pueblo. El mismo que ya destituyó a un gobernante. Aunque ahora la alegría rampante de la residencia de Bad Bunny es lo que domina y no vemos indicios de que la gente se tire a la calle a otra cosa. No lo descarten. Una Navidad sin luz y sin agua no sería celebratoria, pero puede ser memorable.
Paso a Pablo José Hernández Rivera.
Estoy anonadada con lo que es una falta de cultura política real o fingida. Le doy el beneficio de que sea fingida, porque lo conozco y me extraña mucho su narrativa como candidato a la gobernación en el 2028, a menos que sea una estrategia estilo Jennifer González: miente y ganarás.
En el discurso del 25 de julio no dijo absolutamente nada nuevo, y lo viejo que dijo no lo pudo articular. Habló en bosquejo: abc 1 2 3… pero no explicó.
Segundo, una columna en la que describe como “metáfora fulminante” una de las frases más insignificantes —por lo tanto, olvidadas— de Luis Muñoz Marín. Algo sobre que los independentistas y los estadistas son fantasmas mirándose a un espejo que no existe. Desde Gasparín, el fantasma amistoso, sabemos que los fantasmas no se miran en los espejos porque saben que no se ven.
Aprovecho para decir algo sobre Muñoz que no había escrito antes por aquí. No menosprecio las cosas buenas que pasaron durante la gobernación de Muñoz, a quien conocí personalmente de niña y como periodista. Contrario a los que le adjudican la genialidad de haberse rodeado de gente que sabía más que él, yo creo que fue al revés: gente genial que se tragó el ego para hacer algo por el país y que se acercó a Muñoz porque sabía más que él.
Arbona, Benítez, Geigel Polanco, Juan Manuel García Passalacqua, Ismaro Velázquez, Quintero Alfaro, Luis Agrait, Ramos Antonini, Hernández Colón, Hernández Agosto, Roberto Sánchez Vilella y más.
Conocí a muchos de ellos y pude relacionarme con algunos como periodista. Créanme, algunos de ellos le daban mano y muñeca a Muñoz, y era difícil pensar que le fueran tan serviles.
Lo discutí muchas veces con Juanma. Le decía que la actitud de ellos era una de modestia a conveniencia y le aguantaban las malacrianzas a LMM por un bien mayor: el país. Juanma sonreía.
Hay quienes creen que Muñoz los usaba. Creo que se usaron mutuamente. Aprovecharon a Muñoz para desarrollar sus ideas de salud, educación, universidad, vivienda pública… aunque tuvieran que rendirle pleitesía al hombre. La fama de cacique mandón de Muñoz, matizada por su pareja, Inés Mendoza, era para mí una actitud de niñato engreído por el privilegio más que genialidad. No duden que tenía una personalidad imponente y podía ser muy simpático, pero eso no es genialidad.
Sin titubear, digo que no quedan muchos, quizás ninguno, de la estatura de los colaboradores de Muñoz en el PPD.
Estados Unidos escogió muy bien a su capataz de la colonia. ¿Lo engañó? Lo dudo; pero hay que admitir que todo lo que destruyen hoy el PNP y el mismo PPD se construyó, en su mayoría, bajo Muñoz con servidores públicos de verdad. Entonces empezó a aflorar la verdad sobre el ELA y Muñoz dejó de ser dios.
Cuando Pablo José se aferra a la vieja gloria de ese partido y su legendario fundador, parece no saber de lo que está hablando, o sabe y se hace el ignorante a propósito. La historia y la cultura política puertorriqueña es amplia y está disponible a quien quiera cultivarse.
PJH sabe que no existe el autonomismo al que dice aspirar. Si no lo sabe, lo debería saber. Cientos de veces se ha discutido por qué el autonomismo no se concibe en la jurisprudencia —el marco jurídico— de los Estados Unidos. Para USA hay estados y colonias, punto. Eso está muy bien documentado. El autonomismo supone la soberanía de un país con identidad y cultura propias para integrarse a otro en una unión de países, como lo son Cataluña, Galicia y Euskadi de España: comunidades autónomas con identidad y gobierno propio que unen fuerzas y economía bajo el nombre de España. Eso, para Estados Unidos, no existe ni existirá.
Habla de adquirir mayores poderes para el ELA. Él sabe que todo lo que planteó como uno, dos y tres ya fue intentado por el Partido Popular y fracasó.
Estados Unidos lo ha dejado claro en los tribunales y en el Congreso: Puerto Rico es una colonia. Se reconocen solo tres alternativas de descolonización: estadidad, independencia y libre asociación. En ningún sitio de Estados Unidos se habla de free associated state porque no lo quieren ni traducir. Esa ignorancia política de Pablo José yo no la entiendo.
Creo que su abuelo murió más decepcionado de lo que él piensa. Su último intento con Estados Unidos fue tratar de convencerlos a ellos y a nosotros de que el estatus era un asunto de jurisprudencia. Que, a medida que surgían las zonas grises de la relación entre Puerto Rico y Estados Unidos, se iban ventilando y aclarando en los tribunales, y el Tribunal Supremo tendría la última palabra.
El Supremo le cortó las alas a esa teoría en el 2016 con el caso de Sánchez Valle y decretó que Puerto Rico es una colonia sujeta al Congreso. Ese mismo año el Congreso le impuso la Junta de Control Fiscal a Puerto Rico como supervisora del gobierno colonial, con la última palabra sobre prácticamente todo.
Muchos vivieron las transformaciones de Rafael Hernández Colón… el pronunciamiento de Aguas Buenas con el trabalenguas de “autonomía en libre asociación” y con las aspiraciones de mayor control sobre las leyes federales que aplican a Puerto Rico.
Muchos recuerdan cuando Estados Unidos desautorizó a RHC a firmar un tratado comercial con Japón porque Puerto Rico “no tiene autoridad propia para negociar o celebrar acuerdos internacionales”.
Pablo José tiene que saber todo eso y no propone nada nuevo. Podría ser honesto y decir que todo lo que propone fracasó, y tratar de convencer a los electores de que él lo puede intentar otra vez. ¿Por qué no lo hace? No lo sé, y les juro que me sorprende. Descansa solo en el nombre de su familia, su presencia y su personalidad. Esa parece ser su estrategia. ¿A quién le habla? ¿A los estadistas y los independentistas que menosprecia?
Quedan tres años y medio para seguir mintiendo, la marca de la misma decadencia política de Jennifer González. También quedan para que el electorado despierte o siga pasando ficha.





