La visita de Meliza Jalbert reafirma la apuesta de la bodega por la isla, con Austin Hope Cabernet Sauvignon como punta de lanza y la gastronomía como eje de conexión
GUAYNABO, Puerto Rico – Puerto Rico no es una parada más en la ruta internacional de Hope Family Wines. Para la bodega californiana, la isla figura hoy entre sus mercados de exportación más importantes, junto con México y Corea, una posición que Meliza Jalbert, directora de ventas internacionales, vino a confirmar en persona durante su primera visita oficial a la isla.
“Es uno de nuestros principales mercados de exportación”, dijo la ejecutiva al explicar el alcance de una agenda diseñada para ver de cerca tiendas, actividades y oportunidades de crecimiento de la marca en la isla.
La visita llega en un momento especialmente significativo para Hope Family Wines en Puerto Rico. Austin Hope Cabernet Sauvignon se ha consolidado como uno de los Cabernet premium más vendidos en la isla, mientras que la bodega también impulsa el nuevo Austin Paso Robles, una etiqueta concebida para el consumo diario, pero fiel al carácter de esa región californiana, con notas de frutas negras maduras, especias y sutiles matices de roble.
Con etiquetas como Austin Hope, Treana, Quest, Liberty School y Troublemaker, Hope Family Wines apuesta en la isla por algo más que una presencia comercial.
Jalbert explicó en entrevista con Eyboricua.com que su recorrido busca entender mejor cómo se percibe la marca en el mercado puertorriqueño y qué pasos pueden dar junto a B. Fernández & Hnos. para ampliar esa presencia.
“Estoy aquí para entender mejor el mercado, nuestra presencia y qué podemos hacer para seguir desarrollando nuestra huella”, sostuvo. La ejecutiva visitó varios puntos de venta en su primer día y dejó claro que esta no es una visita protocolar, sino una inmersión en un mercado que la bodega considera prioritario.
Parte del éxito de Austin Hope Cabernet Sauvignon, según Jalbert, responde a un fenómeno que trasciende Puerto Rico. Recordó que la etiqueta ha acumulado fuerte reconocimiento internacional y ha ganado impulso entre consumidores que la descubren en Estados Unidos y luego la buscan en otros mercados. Esa dinámica, entiende, también ha jugado a favor en la isla.
“Ha creado un impulso en todas partes”, afirmó, al señalar que la cercanía de Puerto Rico con Estados Unidos ha ayudado a alimentar esa familiaridad con la marca.
En su lectura del vino y su origen, Jalbert defendió a Paso Robles como una región todavía no del todo descubierta por muchos consumidores, pero con atributos muy claros. Frente a nombres más establecidos como Napa o Sonoma, insistió en que Paso Robles ofrece autenticidad, diversidad de terruños y una mejor ecuación de valor.
“Hay una autenticidad en la región”, dijo, antes de resumir una de las ideas centrales de Austin Hope: elaborar vinos de gran reconocimiento, pero sin que el consumidor “tenga que romper el banco”.
Esa filosofía también está detrás del nuevo Austin Paso Robles, que el comunicado presenta como un Cabernet Sauvignon pensado para un consumo más cotidiano, aunque sin perder la identidad de la zona.
Jalbert enmarcó esa etiqueta dentro de una visión de largo aliento de Austin Hope, centrada en llevar el nombre de Paso Robles a más mercados y consolidarlo como origen de vinos de prestigio internacional.
Hope Family Wines, fundada en 1978, ha construido esa narrativa desde una raíz agrícola muy marcada. Jalbert recordó que la familia comenzó como productora de uvas y que esa conexión con el viñedo sigue definiendo la forma en que trabajan. Explicó que la bodega mantiene contratos a largo plazo con 55 familias, además de contar con propiedad propia, lo que les permite trabajar distintos suelos y apelaciones dentro de Paso Robles sin perder consistencia. “Queremos mostrar la uva”, resumió, al describir una filosofía de mínima intervención y respeto por el carácter del viñedo.
Si hay un punto donde la marca parece sentirse especialmente cómoda en Puerto Rico, es en la mesa. La visita de la ejecutiva incluye experiencias gastronómicas y encuentros con líderes del sector culinario, pero en conversación con este medio Jalbert fue más lejos: insistió en que el vino debe integrarse de forma natural a la comida, a la casa y a la memoria afectiva que se construye alrededor de una botella compartida.
“La gente quiere compartir comida, vino, buenos amigos y familia”, expresó, al vincular esa cultura con la afinidad que ve entre la marca y el mercado puertorriqueño.
Ese vínculo entre vino y cocina no es accesorio para Hope Family Wines. Jalbert comentó incluso el interés de explorar en Puerto Rico algunos de los productos complementarios que desarrolla la bodega, como sus mezclas de especias para asados, en un mercado que describió como muy cercano a la cultura del barbecue.
El comentario, más allá de lo anecdótico, retrata bien el tono de la visita: una marca que no solo quiere vender vino, sino insertarse en hábitos de consumo donde la experiencia completa importa tanto como la botella.
A escala global, la ejecutiva trazó un panorama de crecimiento sostenido, aunque sin fórmulas únicas. Hope Family Wines está presente en 62 países y, según Jalbert, cada mercado obliga a ajustar portafolio, precio y estrategia. En Europa compiten con vinos locales; en Asia operan otras preferencias; y no todas sus etiquetas entran en todos los destinos. Aun así, sostuvo que Austin Hope ha sido la marca con mayor capacidad para cruzar fronteras.
“Es la que está en todas partes”, dijo, al explicar por qué esa etiqueta se ha convertido en el rostro internacional más visible de la casa.
También reconoció retos. Los mercados internacionales cargan con aranceles, impuestos, logística y estructuras de precio distintas, pero entiende que Hope Family Wines ha logrado abrirse paso porque ocupa un segmento atractivo: el de vinos premium con precio todavía accesible. Esa combinación, dijo, ha sido clave para conectar con consumidores que buscan calidad, pero también una botella que puedan volver a elegir.
En Puerto Rico, su impresión inicial es favorable. Jalbert encontró una marca bien posicionada y con visibilidad en tiendas, pero insiste en que todavía queda espacio para crecer.
“Hay mucho espacio para seguir desarrollándonos”, aseguró.
Andrés Lugo, director de vinos importados de B. Fernández & Hnos., afirmó que la visita de Jalbert “representa un compromiso” de la bodega para seguir fortaleciendo su relación con clientes y consumidores en la isla, donde la marca, dijo, ha sido acogida desde su llegada en 2019 hasta colocarse entre los nombres importantes del vino californiano en el mercado local.
La visita de Jalbert deja la impresión de una bodega que ve en Puerto Rico un mercado maduro para seguir creciendo, con consumidores abiertos al vino de California y una escena gastronómica capaz de darle contexto, mesa y conversación a un portafolio que quiere ser parte de esas experiencias.





