La investigación de Colectivo Ilé concluye que el discrimen racial, la precariedad económica y el acceso desigual a servicios afectan la salud mental, la seguridad y las oportunidades de personas negras y afrodescendientes de 18 a 24 años.
SAN JUAN, Puerto Rico — Un estudio presentado el 25 de marzo por Colectivo Ilé, en colaboración con la Fundación de Mujeres en Puerto Rico, concluyó que el racismo tiene un impacto directo en el bienestar de jóvenes negros y afrodescendientes en Puerto Rico, al afectar su salud mental, su sentido de seguridad, su acceso a oportunidades y su calidad de vida.
La investigación, titulada Exploring Perceptions of Well-Being and the Impact of Racism on the Well-Being of Black and Afro-Descendant Young Adults in Puerto Rico, examinó cómo personas entre 18 y 24 años definen el bienestar y cómo las experiencias de discrimen racial inciden en sus vidas. El proyecto contó con financiamiento de la Annie E. Casey Foundation, apoyo de Vida Afrolatina y colaboración del Instituto de Investigaciones Interdisciplinarias de la Universidad de Puerto Rico en Cayey.
El estudio se desarrolló con una metodología mixta que incluyó seis diálogos colectivos y un cuestionario en línea. La muestra estuvo compuesta por 69 participantes de 19 municipios. De ese total, 37 respondieron el cuestionario y cerca de 32 participaron en los diálogos. La investigación se concentró en jóvenes que se autoidentificaron como negros o afrodescendientes y residían en Puerto Rico.
Entre los hallazgos principales, el informe plantea que el bienestar de esta población no se limita a empleo, estudios o ingreso. Los participantes lo definieron de forma más amplia, como una combinación de estabilidad económica, salud física, mental y emocional, acceso a servicios de calidad, seguridad, apoyo comunitario, conexión cultural y afirmación de la identidad racial.
En ese marco, el estudio señala que las condiciones materiales siguen siendo centrales. Más de la mitad de la muestra reportó ingresos mensuales por debajo de $500, el 83% indicó que era estudiante y el 54% dijo que su ingreso no era suficiente para cubrir necesidades básicas. En los testimonios recogidos, el bienestar aparece ligado al acceso a agua, electricidad, vivienda segura, alimentación, transportación y servicios de salud sin discrimen.
Pero el eje del informe es el peso del racismo en la vida cotidiana. El 86.5% de quienes respondieron el cuestionario dijo haber sentido que ellos o alguien cercano fue tratado injustamente por apariencia racial o color de piel. Los espacios donde más se reportaron experiencias de discrimen fueron la escuela, con 78%; las redes sociales, con 62.5%; el trabajo y la familia, ambos con 46.9%; los centros comerciales, con 40.6%; y la universidad, con 31%.
A partir de esos relatos, la investigación identifica efectos concretos sobre el bienestar. Entre ellos figuran ansiedad, hipervigilancia, agotamiento emocional, inseguridad, baja autoestima, aislamiento social y evitación de ciertos espacios públicos. El estudio también recoge impactos en el ámbito académico y laboral, incluida la autocensura, la sensación de no pertenecer y la percepción de que el prejuicio racial limita oportunidades.
El informe añade que el racismo no opera de manera aislada. En varios testimonios aparece entrelazado con la precariedad económica, la xenofobia, el sexismo y otras desigualdades. También se menciona la carga emocional que enfrentan jóvenes de familias inmigrantes, en particular dominicanas, cuando el miedo a la separación familiar y a procesos migratorios hostiles se suma a las experiencias de discrimen.
En salud, la investigación recoge preocupaciones sobre estrés acumulado, trauma racial y desconfianza hacia servicios médicos por experiencias de trato desigual o negligencia. En educación y empleo, documenta casos en los que el racismo incide en la permanencia, la autoestima y las decisiones sobre qué espacios ocupar o evitar.
El estudio también identifica los apoyos que sostienen el bienestar. La familia fue señalada como la principal red de apoyo, seguida por amistades, profesionales de la salud, comunidades y grupos culturales o artísticos. En los diálogos, los participantes destacaron el papel de la comunidad negra, las amistades afrodescendientes y los espacios antirracistas como entornos de validación, acompañamiento y resistencia.
La cultura afrodescendiente aparece además como una fuente directa de bienestar. El 72% de los participantes dijo que su herencia y cultura afrodescendiente influyen en su calidad de vida. Música, baile, espiritualidad, naturaleza, memoria ancestral y espacios de afirmación racial fueron mencionados como recursos de apoyo emocional, orgullo e identidad.
Según el informe, esos elementos no eliminan el daño del racismo, pero sí funcionan como mecanismos de sostén frente a la exclusión. La investigación concluye que el bienestar de jóvenes negros y afrodescendientes en Puerto Rico está profundamente condicionado por factores estructurales, pero también sostenido por redes familiares, comunitarias y culturales que operan como espacios de cuidado y resistencia.
La presentación del estudio incluyó la divulgación de resultados, una conversación con investigadoras y lideresas comunitarias, y la participación de jóvenes que formaron parte del proceso de investigación. El documento plantea, además, una discusión más amplia sobre el país: que no es posible hablar de bienestar colectivo sin atender las desigualdades raciales que lo condicionan.





