La bodega familiar española presenta en la isla una selección de vinos de producción limitada, cultivo tradicional y mínima intervención
En una industria donde muchas bodegas diseñan vinos desde la tecnología, las tendencias o el mercado, Viña Sastre insiste en hacerlo desde la tierra.
“La filosofía nuestra es que el vino se diseña en el viñedo”, dice Sara Sastre mientras describe el trabajo de la familia en La Horra, Burgos, en el corazón de Ribera del Duero.
No es una frase aislada. En Viña Sastre, cada parcela se trabaja y se interpreta como un vino distinto.
“Cada parcela cuenta una historia. Tiene un tipo de suelo, una orientación, un clon y una edad. Ahí es donde sabemos qué vino va a salir”, explica.
La bodega familiar fue fundada en 1992, aunque la relación de la familia con el viñedo viene de mucho antes. Según documentación de la propia casa, el proyecto comenzó con 23 hectáreas de viñedo y desde entonces ha mantenido una elaboración tradicional enfocada en vinos de producción limitada y fuerte identidad de terruño.
La decisión que más marcó el estilo de la bodega ocurrió incluso antes de su fundación formal. Hace más de 45 años, el abuelo de la familia dejó de utilizar pesticidas, insecticidas y abonos químicos en el viñedo. La intención era permitir fermentaciones naturales con levaduras autóctonas y preservar el carácter original de la uva.
Ese enfoque continúa definiendo hoy toda la producción de Viña Sastre. En sus fichas técnicas, la bodega mantiene procesos de cultivo tradicional, sin herbicidas ni insecticidas, vendimia manual y mínima intervención durante la elaboración.
Los viñedos de la familia están ubicados entre 800 y 840 metros sobre el nivel del mar, en terrenos arcilloso-calcáreos cercanos a los ríos Duero y Gromejón. Esa combinación de altitud, amplitud térmica y suelo define buena parte del perfil de sus vinos: estructura, concentración y frescura.
“Somos conscientes de que hacemos vinos con cuerpo, porque trabajamos tempranillo en Ribera del Duero. Pero el ADN de Viña Sastre siempre está buscando frescura”, afirma Sara Sastre. “Nunca queremos que la barrica tape la fruta”.
Esa filosofía aparece incluso en Rafael Sastre, el vino de entrada de gama de la casa. Elaborado con 100% Tinta del País y criado entre seis y 10 meses en roble francés y americano, presenta notas de fruta roja y negra, especias y un perfil más accesible dentro del portafolio de la bodega.
Luego aparecen los vinos parcelarios, donde la bodega busca expresar con más precisión las diferencias entre suelos y ubicaciones.
Pago de Santa Cruz, uno de los vinos emblemáticos de la familia, nace de viñedos de entre 70 y 80 años y mantiene un perfil más clásico dentro de Ribera del Duero, con crianza en roble americano nuevo y notas especiadas y golosas.
En otra dirección se mueve Regina Vides, elaborado a partir de la parcela Las Tenadas. La ficha técnica describe un vino mineral, complejo y persistente, mientras Sara Sastre lo resume como “un vino del mundo moderno”.
La línea de alta gama culmina con Pesus, posiblemente la etiqueta más exclusiva de la bodega. El vino nace de dos parcelas específicas, combina Tinta del País con Cabernet Sauvignon y Merlot y tiene una producción aproximada de 2,000 botellas.
“Pesus nace del sueño de mi padre y de mi tío”, explica. El nombre surge precisamente de la combinación de Pedro y Jesús.
La llegada de Viña Sastre a Puerto Rico ocurre de la mano de Méndez & Co., luego de que la bodega retomara presencia en la isla tras varios años fuera del mercado local. La apuesta, sin embargo, no es masiva.
“No somos un vino de supermercado”, dice Sara Sastre. “Queremos estar en restaurantes de media y alta gastronomía y en tiendas especializadas”.
Los vinos
Más que crecer en volumen, la prioridad parece ser mantener control sobre dónde y cómo se consume el vino. Una lógica coherente con una bodega que insiste en producir poco, intervenir menos y dejar que el viñedo siga hablando primero.
• Rafael Sastre: Vino de entrada de gama elaborado con 100% Tinta del País. Perfil frutal, fresco y equilibrado, con crianza de seis a 10 meses en roble francés y americano.
• Pago de Santa Cruz: Vino parcelario elaborado con viñedos de entre 70 y 80 años. Crianza de 18 meses en roble americano nuevo. Perfil estructurado, especiado y persistente.
• Pago de Santa Cruz Gran Reserva: Elaborado a partir de una selección especial del Pago de Santa Cruz. Tiene 30 meses de crianza y combina roble francés y americano.
• Regina Vides: Procedente de la parcela Las Tenadas. Elaborado con viñedos de aproximadamente 90 años. Perfil mineral, complejo y especiado.
• Pesus: La etiqueta más exclusiva de la bodega. Producción aproximada de 2,000 botellas y combinación de Tinta del País, Cabernet Sauvignon y Merlot.





