La Comisión de Desarrollo Económico de la Cámara de Representantes comenzó a evaluar el uso de plantas desalinizadoras como una fuente complementaria de agua potable para enfrentar futuras sequías en Puerto Rico.
La investigación, ordenada mediante la Resolución de la Cámara 106 y presidida por el representante Joel Franqui Atiles, analizará alternativas escalables con capacidad para producir 5, 10, 20 o 50 millones de galones diarios.
Durante el análisis se considerarán el costo de construcción, el consumo energético, la operación de las instalaciones y sus posibles efectos ambientales, particularmente el manejo de salmuera y las tomas de agua de mar.
Una fuente complementaria
La Autoridad de Acueductos y Alcantarillados utilizó como referencia una planta de California con capacidad de 50 millones de galones diarios y un costo aproximado de $1,000 millones. Ese volumen equivaldría a cerca del 9 % de los 540 millones de galones diarios que maneja la corporación pública y podría abastecer alrededor de 125,000 cuentas.
La discusión se plantea como un respaldo al sistema existente, no como sustituto de las fuentes actuales. Entre las opciones mencionadas figura un proyecto piloto vinculado a la central Palo Seco, sugerido por el Colegio de Ingenieros y Agrimensores de Puerto Rico.
La comisión también tomó en cuenta el impacto económico de las interrupciones de agua, estimado entre $18 millones y $20 millones diarios para las pequeñas y medianas empresas.
Fondos y obras existentes
Como parte del panorama de infraestructura, se mencionó el proyecto de dragado del embalse Carraízo, valorado en $106.8 millones. Esa obra recuperaría capacidad perdida, pero no añadiría una fuente nueva de agua.
La Junta de Supervisión Fiscal autorizó al Gobierno a solicitar acceso a cerca de $1,300 millones de la reserva de emergencia para gastos elegibles relacionados con sequías. Esa autorización no representa una asignación automática para construir una planta desalinizadora.




