Tres latas coleccionables, tres miradas a la isla y una familia de Lares que lleva generaciones en el café
LARES, Puerto Rico
A las 2 de la madrugada, cuando casi todo Puerto Rico duerme, en la torrefactora de Café Oro en Lares ya se tuesta café. Luego viene la molienda y después el empaque. Horas más tarde, en el coffee shop que la empresa tiene en esas mismas instalaciones, comenzó el recorrido para conocer la colaboración de este año.
La edición especial se llama Cultura que Brilla y se compone de tres latas coleccionables diseñadas por el artista puertorriqueño Juan Salgado: Atardecer de Plena, Las Tres Generaciones y Nuestra Naturaleza. Es el quinto año consecutivo en que la marca lanza una lata de temporada navideña, pero esta vez la familia Torres quiso ir más lejos.

“Esta vez no queríamos solamente hacer un dibujito en nuestra lata que guste, sino contar una historia a través de lo que tú representas y lo que nosotros representamos”, le dijo José Luis “Chelo” Torres Orta, tercera generación de Café Oro, a Salgado durante la presentación. “El café y el arte son cultura de Puerto Rico”.
En el comunicado oficial, Torres Orta resumió la idea detrás de la colección: “Puerto Rico es pequeño en tamaño, pero inmenso en talento. Esa luz interior se proyecta en lo que somos y en todo lo que creamos”.
Del vivero a la taza
Para entender la colaboración hay que entender primero a Café Oro, y para entender a Café Oro hay que conocer cómo funciona la industria. Chelo Torres la divide en cinco eslabones: viveristas, caficultores, beneficiado, torrefactoras y distribución.
Dos de esos eslabones definen la calidad de lo que llega a la taza. El primero es la cosecha. En Puerto Rico todo el café se recoge a mano, porque las elevaciones de la isla impiden usar maquinaria.
“Es uno de los trabajos más complicados”, explicó Chelo. “Conlleva destreza, conlleva dedicación”. El segundo es el beneficiado, la etapa que el público menos conoce, donde el fruto se convierte en grano listo para tostar. “Es uno de los procesos más complejos y de mayor importancia a la hora de conservar la calidad del café”, dijo.
La ventaja de Café Oro es que la familia está en todos esos eslabones.
“Empezamos como agricultores y fuimos viendo las necesidades que tenían nuestros compañeros agricultores, las necesidades que tenía la industria”, explicó José Luis Torres Olivencia, padre de Chelo y quien fundó la empresa. “Lo que salga bueno o malo con un café, al final del día se refleja en su casa”.
Hoy la empresa tiene viveros que en los últimos seis años han producido alrededor de 4 millones de arbolitos de café. Opera Hacienda Los Eucaliptos, que la familia describe como una de las fincas de café arábica más grandes de Puerto Rico, si no la más grande. Además, le compra la cosecha a más de 200 caficultores y la procesa en sus propias facilidades, que cuentan con maquinaria italiana de última generación, sistemas avanzados de clasificación, tostadoras y molinos.

De Don Guty a Café Oro
La historia comenzó hace más de 50 años en las montañas de Lares, con Ángel J. Torres, “Don Guty”, que sembraba y producía café. Según Chelo, hasta su bisabuelo había trabajado con el grano. Don Guty pasó de agricultor a beneficiador: le compraba el café a sus vecinos, lo despulpaba, lo lavaba y lo vendía en la capital, buscando que el producto puertorriqueño no terminara en manos de las marcas grandes.
En 1997, con 27 años, su hijo José Luis Torres Olivencia se unió al negocio. Año tras año siguió comprando y procesando café puertorriqueño, hasta que para los 2000 más del 50% del café de la isla pasaba por sus manos. Lo procesaban y se lo vendían a las grandes compañías.

Llegó entonces el momento de proteger ese volumen, y en 2013 nació Café Oro de Puerto Rico. Los mismos agricultores que le vendían su cosecha a la familia se convirtieron en sus primeros promotores. “Compra Café Oro, que ahí están los granitos de café de mi finca”, recordó Chelo que decían.
“Estamos compitiendo en el mercado con compañías de 50, 100, ciento y pico de años”, dijo. Aun así, los supermercados le abrieron las puertas a la marca, que según la empresa es hoy una de las tres de mayor reconocimiento en Puerto Rico. Su fábrica, añadió Chelo, es la segunda de mayor volumen y la más tecnológica, por ser la más reciente.
Chelo representa la nueva etapa. Muy joven se certificó como catador de café (Q Grader) y se especializó en calidades. Quiso abrir un coffee shop que terminó convirtiéndose en restaurante: El Cepo Restaurante Mirador, en Lares, que todavía opera. “Papi tiene un dicho: que el café envuelve”, contó. “Cada una de las etapas es un mundo aparte”.
Su meta es darle valor al sacrificio que hay detrás de cada taza. “Que la gente conozca la importancia de apoyar estos productos locales”, dijo.
Después del huracán, una oportunidad
Nueve años después del huracán, la industria todavía se levanta. Torres Olivencia recordó que la producción quedó “super bien bajita” y que hasta se perdió el banco de semilla. Normalmente un cafeto tarda tres años en producir, pero en ese momento tardó cuatro, porque primero hubo que recuperar la semilla.
Hacienda Los Eucaliptos se veía bien por fuera, pero hubo que reestructurar más del 80% de su producción. “Algo que papi siempre ha visto es que atrás de cada crisis viene una oportunidad”, dijo Chelo.
La familia aprovechó la resiembra para mejorar. Sembró variedades más resistentes a los cambios climáticos y a las enfermedades, les dio más distancia a los árboles para una maduración más saludable y añadió sombra a la finca.
“Sí nos bajó, sí fue un cantazo, sí afectó a mucha gente”, reconoció Chelo. Pero también permitió que el café resurgiera “con mejores prácticas, con mejor calidad, más actualizado y más direccionado a lo que es el futuro, que son los cafés especiales”.
Una taza que no se encuentra en cualquier lugar
Para Chelo, lo que distingue al café de la isla es su perfil. En Colombia se encuentran notas florales, en Panamá frutales, en Sumatra volcánicas y en India clavo, especias y cedro. En Puerto Rico, la taza tiene tonos achocolatados, acaramelados, mantequillosos y cítricos.
“Esto es como los vinos y sus terroirs”, comparó.
El modelo a seguir, dice, lo marcan el Geisha de Panamá, el Kona de Hawái y el Blue Mountain de Jamaica, lugares que unieron agroturismo, agricultura y calidad para enseñarle al mundo su café. Puerto Rico llegó a ser el cuarto exportador de café del mundo, y quizás no vuelva a esos volúmenes.
“Pero vamos a tener una taza difícil de encontrar en muchos lugares, y de ahí nos podemos apalancar”, dijo Chelo.
Los retos siguen siendo reales. Conseguir mano de obra es “bastante crítico”, y muchos agricultores están importando trabajadores para poder recoger la cosecha. Los costos de producción son altos y el precio que se le paga al caficultor ha subido, algo que la empresa respalda.
“El caficultor ahora mismo necesita apoyo”
José Luis «Chelo» Torres Orta, Café Oro
“Necesitamos que a esos agricultores se les pague mejor, porque ese va a ser el motor para seguir aumentando la producción de café de Puerto Rico”, dijo Chelo.
Según el estimado de Chelo, Puerto Rico produce alrededor del 15% del café que consume. Por eso Café Oro maneja varias categorías: café 100% puertorriqueño, 100% arábica y mezclas de arábica con robusta y de local con importado. “Si todas nuestras marcas se dedicaran solamente a café puertorriqueño, teníamos que cerrar la fábrica seis meses al año”, explicó.
Su catálogo incluye café molido regular, orgánico y descafeinado; café en grano, un mercado que “ha crecido mucho”, según Chelo; y café instantáneo regular y descafeinado. El paladar de góndola, dijo, prefiere el café “bien tostadito” y fuerte, y la tecnología de la planta permite subir el tueste para lograr notas acarameladas sin carbonizar el grano.
Juan Salgado: «Arte es arte»

Para Salgado, el acercamiento de Café Oro fue personal. “Café Oro es el café que yo tomo, y antes inclusive de conocerte era el café que estaba tomando”, le dijo a Chelo. “Para mí fue como que, wow”.
El reto no era sencillo. “¿Qué más lindo que el oro, verdad? Que el color oro”, admitió. “Me puse bastante nervioso”.
Salgado, conocido por sus tatuajes, trabajó la lata como si fuera un brazo. “Deja de ser una superficie plana y es una superficie tridimensional que le puedes dar la vuelta”, explicó. Por eso escogió imágenes grandes: quería que la gente viera la lata de lejos, se acercara a explorarla en sus 360 grados y quisiera coleccionarla y guardarla. Al principio iban a ser dos diseños y terminaron siendo tres.
El hilo conductor es la luz, que Salgado considera el tema principal de toda su carrera. Por eso los personajes tienen rayos de luz en los ojos. “Yo siento que todo el mundo tiene la luz por dentro, pasa que hay gente que nunca se entera”, dijo. “Con esto quiero inspirar a las personas a que busquen ese potencial dentro de ellos y lo exploten al máximo”.
Atardecer de Plena fue el primer diseño. Muestra a una pareja bailando al caer la tarde en el Viejo San Juan, “uno de los lugares favoritos de todos los puertorriqueños, de la diáspora”, según Salgado. Evoca la bomba y la plena, las fiestas de la calle y el cafecito de la tarde. El artista cuidó conservar el dorado de la marca: “Se sigue viendo una lata dorada”.

Las Tres Generaciones es su favorita. Honra al caficultor, sus manos y la historia de la familia, y retrata al abuelo, al padre y al hijo. El fondo es Hacienda Los Eucaliptos, un detalle que nació del recorrido que Chelo le dio por la finca. “Quizás la gente no se da cuenta”, dijo Salgado. Las miradas de los tres, con sus rayos de luz, apuntan hacia Café Oro. “Y seguirán las generaciones por ahí, de seguro”.
Nuestra Naturaleza es un homenaje al paisaje, al mar y a las especies endémicas, con la cotorra puertorriqueña y el coquí. “Puerto Rico no tan solo es nuestro, lo compartimos también con animales”, dijo Salgado, que busca inspirar a la gente a cuidar lo que describió como “nuestro verdadero tesoro”.
Antes del lanzamiento, Chelo hizo un grupo focal con los empleados de la oficina para escoger la lata favorita. En años anteriores casi todos coincidían en la misma. Esta vez, cada persona escogió una distinta. “Eso nos dio la seguridad de que la colaboración estaba donde era”, explicó. “Todos se pueden identificar con una visión distinta de Puerto Rico: la ciudad, la montaña, nuestras playas, nuestra fiesta, nuestro trabajo fuerte dentro de la montaña, nuestra fauna”. Su favorita fue la de la naturaleza.
Ese era justamente el objetivo, dijo Salgado: “Le quise dar el mismo cariño a los tres diseños. No quería que hubiera un favorito”.
Las piezas se crearon mediante ilustración digital en iPad, el formato que Salgado usa para el arte comercial porque permite ampliar las obras a gran escala. Se ha movido entre el tatuaje, los murales, la escultura y el diseño gráfico, y tiene dos murales en camino. Para él no hay contradicción.

“Arte es arte. Lo que cambia es la superficie”
Juan Salgado, artista
“Para mí el arte debe estar en todos lados”, dijo.
¿Y cómo toma el café el hombre detrás de las latas? Negro, sin azúcar ni leche. Expreso, o un americano “oscurito”. “Mi desayuno es mi cafecito negro”, contó. “Si es un día largo, por la tarde le doy el segundo”.
Cultura que Brilla ya está disponible en supermercados de todo Puerto Rico, incluidas las tiendas Walmart, y en la tienda en línea de Café Oro.




