Una mirada al renacer de esta cepa clásica en Argentina y su creciente protagonismo frente a la tradicional Malbec
Por: Amanda Díaz de Hoyo
La expresión sureña de la Cabernet Sauvignon representa una evolución hacia los verdaderos matices de esta cepa noble. En Argentina, donde clásicamente asociamos el vino con la Malbec —aunque hay otras cepas muy buenas como la Bonarda y la Torrontés— dejamos a un lado la Cabernet Sauvignon y nos perdemos el paso por la historia vitivinícola de esta variedad. Por años, con buen manejo, aclimatación a suelos y altura, tecnología y enología de primera, su desarrollo se hace hoy día más que evidente.
Una cepa clásica, noble y elegante, que puede traducir el terroir y la pasión, nos llena la copa de matices que la hacen única.
Para muchos, la experiencia con varios Cabernet Sauvignon no ha sido placentera y, de plano, lo descartan por esas vivencias particulares. Sin embargo, se restan la oportunidad de crecer en paladar y conocimiento al no arriesgarse a probar otras etiquetas.
Sobre el tema de las cepas conversaba hace unas semanas con el enólogo de la Bodega Catena Zapata, Ernesto “Nesti” Badja, quien es agrónomo especializado en viticultura y enología, sobre las teorías y cepas más conocidas de Argentina, como la Malbec. Sin embargo, junto con la Malbec llegó la Cabernet Sauvignon. Las historias del desarrollo vinícola de Suramérica se atan con las prácticas de evangelización traídas por el Imperio Español en época de la conquista, pero en el caso de estas dos cepas, la historia es precisa y clara.
Se atribuye su introducción en Argentina al agrónomo francés Michel Aimé Pouget, contratado por Domingo Faustino Sarmiento, presidente argentino de 1868 a 1874. Pouget, un gran ampelógrafo —experto en variedades de cepas y sus respectivas características— había colaborado también en enlazar la industria vitivinícola chilena. Precisamente en Chile conoció a Sarmiento, quien vivía en el exilio para esa época.
Ernesto comentó que esta es la versión más evidenciada de la llegada de estas cepas, y coincido totalmente, porque para esta misma revista, hace unas cuantas ediciones, investigué al respecto y hay bastante documentación sobre el tema. Esta conversación amena surgió en la presentación del vino Birth of Cabernet Sauvignon, en la que tuve la oportunidad de probar varios vinos de esta bodega, que es todo un referente de innovación y constancia.
Degustando el Cabernet Sauvignon —aunque soy fan de la Malbec— pude apreciar esa evolución enológica y la marcada diferencia en sabores y aromas entre aquellos Cabernets de hace 20 años y la preferencia actual por el respeto a la fruta.
En el caso particular de la línea Birth —de la que tienen también un Malbec— lo primero que me llamó la atención fue la historia que se presenta en cada etiqueta. Estos diseños se distancian de los demás de Catena Zapata por resaltar todas las etapas históricas que encierran los sabores y aromas que recibimos en copa. Hay humanismo en cada espacio, hay precisión en el mensaje, y la etiqueta lo transmite sin que necesariamente el consumidor esté al tanto del cúmulo de información que recibe.
El vino… ¡wao! El Cabernet Sauvignon fue mi preferido de esa sesión. Merece reflexión porque presenta sapiencia y dedicación de todo un equipo de trabajo. Hay atención a pequeños detalles en cada uno de los niveles de los vinos de la bodega, y ese reflejo está presente en Birth.
El Cabernet Sauvignon, de color intenso en copa y estructura voluptuosa, deja ver que la fruta se cosechó en su momento justo de maduración. Este detalle es tan importante, pues muchos Cabernet Sauvignon se elaboran con uvas recogidas antes, y las pirazinas les dan un toque de pimiento verde chamuscado que repele paladares. Habrá quien lo disfrute, pero ese sabor conmigo no va, pues prefiero la manifestación plena de la cepa.
La Cabernet Sauvignon es un cruce entre Sauvignon Blanc y Cabernet Franc. De la primera heredó ese aroma de pimiento verde, y de la segunda, el de frambuesa. Los vinos elaborados con esta cepa requieren un buen maridaje por la fuerza que presentan; por ello se amoldan perfectamente con la comida argentina: los asados, carnes rojas y otras proteínas.
El Birth of Cabernet tiene en nariz mucha fruta madura, ciruelas oscuras y hasta notas de pimienta negra. En boca muestra equilibrio, elegancia y buena hechura, con taninos bien puestos y sedosos. Me recordó a dos vinos que he degustado: el Cabernet de Pulenta, también argentino, y el Cabernet de Mayacamas Wineries en Mt. Veeder, Napa, que están en mi repertorio de favoritos. Sin lugar a dudas, este vino de Catena Zapata es uno que se convertirá en leyenda, en copa y en cuentos.
Los vinos de Catena Zapata están representados en Puerto Rico por Méndez & Co.





